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LA ZONA PÚBLICA : Torreblanca se rebela contra el lastre de la delincuencia y el paro.

En las Navidades de 2017, miles de vecinos de Torreblanca se echaron a la calle en demanda de más seguridad en sus calles. Llevaban semanas soportando robos y alzaron la voz para denunciar que no querían que la delincuencia acabara destrozando un barrio obrero en el que viven más de 20.000 almas. Meses después de aquella movilización, el Ayuntamiento anunciaba que ponía en marcha la Policía de barrio y que Torreblanca era la primera zona de Sevilla en la que entraba en funcionamiento. Nunca llegaron a cumplirse las palabras del alcalde Juan Espadas.


Casi tres años después de aquello, los vecinos soportan un repunte de la violencia en sus calles. Los culpables, varios clanes que tratan de hacerse con el mayor número de viviendas ocupadas para mercadear con ellas o explotarlas como narcopisos. En el último episodio, varios integrantes de Los Pingajos tirotearon a una familia, con un bebé de 10 meses, porque se resistía a dejar su casa. Todo ocurrió a plena luz del día y los vecinos han vuelto a decir basta.

Hace unos días varias entidades se reunían. Entre los acuerdos alcanzados, la petición de una reunión urgente con la delegada de distrito, Adela Castaño, y el delegado de Gobernación, Juan Carlos Cabrera. «No podemos seguir esperando a que vengan más policías. Lo que ocurrió el otro día pudo acabar en tragedia. Nos está llegando lo peor de barrios como las Tres Mil o Los Pajaritos, a veces realojados por los propios servicios sociales», señala el presidente de la asociación de comerciantes y profesionales de Torreblanca, Juan María Soto Vera.



El gueto que se expande

Los pequeños empresarios, junto a vecinos, colectivos sociales y la Iglesia a través de la Hermandad de Los Dolores se están organizando para tratar de frenar la degradación progresiva del barrio. El temor es que la delincuencia y la marginalidad se vaya extendiendo. Si hace unos años, el deterioro social se centraba en las casitas, en el entorno de la plaza del Platanero; a día de hoy los problemas ya han desbordado los límites de esta suerte de gueto y los clanes ya controlan viviendas en la zona de los pisos blancos. El último tiroteo se inició en esta parte del barrio, a bastante distancia de las casitas.

«Allí se fueron quedando muchos pisos vacíos con la crisis del ladrillo. Y así empezaron a ocuparlos. Hubo quien les vendió su casa a muy bajo precio antes de que se la quedara el banco en venganza por el desahucio. Otros se vieron obligados a marcharse porque la convivencia en el bloque se hacía imposible», señala un miembro de la plataforma Torreblanca Unida que prefiere guardar el anonimato por razones de seguridad. Sus palabras las corrobora la Policía Nacional, que ve en el mercado negro de estos pisos ocupados, la principal fuente de conflictos entre clanes.



El recrudecimiento de la lucha entre estas organizaciones criminales ha llegado en un momento muy difícil para Torreblanca, el cuarto barrio más pobre de España con una renta por persona de 5.944 euros anuales. La crisis del coronavirus se ha cebado con las economías más débiles y este trozo del este de Sevilla no ha sido una excepción. El confinamiento dejó sin ingresos de la noche a la mañana a muchas familias que estaban fuera de la red asistencial de los servicios sociales municipales porque hasta el 14 de marzo tenían trabajo aunque fuera sin contrato o en la venta ambulante. «La ayuda pública ha tardado en llegar y las primeras semanas se vivieron momentos muy duros». Teresa Herrera es profesora del IES Torreblanca. Además, es la artífice de una cadena de ayuda que ha dado comida a 350 familias en plena pandemia y ha conseguido recaudar 19.000 euros gracias a las aportaciones de entidades como la Hermandad de la Macarena, «pero sobre todo de familias normales que han arrimado el hombro».

El desencadenante fue el comentario que le hizo la madre de un alumno cuando la llamó para ver cómo llevaban el confinamiento. «Me dijo que una chica –otra madre del colegio– se había desmayado en la calle porque llevaba tres días sin comer. Lo poco que le llegaba era para sus hijos». Esa madre no recibía ayuda de los servicios sociales porque trabajaba como pinche de cocina sin contrato. Cuando cerró el bar, se quedó en la calle y sin ayuda de ningún tipo. «Cuando decidimos iniciar una colecta mayor para ayudar a más gente, nos vimos sorprendidos por la demanda. Terminamos ayudando a centenares de familias a las que no llegaban ni la Cruz Roja ni los servicios sociales».

Profesionales de la paga

Desde este movimiento vecinal que se está organizando para llevar a cabo iniciativas en beneficio del barrio hacen un diagnóstico pesimista de la eficacia de las ayudas que llegan a familias de Torreblanca de la mano de programas municipales. «Hay una falta de control absoluto. Te encuentras a profesionales de la ayuda, que la perciben por duplicado y tienen ingresos no declarados; frente a familias que se han quedado sin nada y han tenido que esperar un mes hasta que los Servicios Sociales los han evaluado», afirma Teresa Herrera.



Desde los comerciantes señalan la vieja competencia de las ventanitas, el comercio clandestino que se realiza desde una vivienda y que no hay gobierno que consiga erradicar. La impunidad es absoluta en algunas zonas de la ciudad donde el vendedor no se esconde y coloca hasta carteles en el exterior anunciado su actividad. «Ellos no pagan impuestos y cuando ha llegado el coronavirus, como no declaran nada, han recibido ayuda. En cambio, en nuestra asociación hay seis negocios que ya no van a poder abrir tras el confinamiento. Muchos comerciantes que lo están pasando muy mal y no han tenido ese apoyo», señala el presidente de la asociación de comerciantes, Juan María Soto.

Tras la experiencia de la red que han conseguido montar para ayudar a centenares de familias con la alimentación y productos básicos, el siguiente proyecto es una escuela de verano con vocación de mantenerse a lo largo del año como un centro que ofrecerá actividades y meriendas a los menores a cambio de que hagan los deberes y no abandonen los estudios. La hermandad de Los Dolores ha cedido un local para empezar en las próximas semanas. «Allí podemos atender a unos 30 niños, pero nuestro objetivo es sacar de la calle al mayor número de menores posibles. Estoy convencida de que la base para corregir muchos problemas del barrio está en la educación. Es muy difícil que esos niños no reproduzcan la vida que llevan si no salen de ese círculo vicioso. Por eso, en muchas ocasiones en el instituto nos resistimos a expulsar al alumno porque eso significa que acabará en la calle, y muy probablemente haciendo algo nada bueno», detalla Teresa Herrera, quien fundara hace unos años la Asociación por el derecho a estudiar (ADAE) que funciona con éxito en Rochelambert.

En estos momentos están recaudando fondos y han puesto en circulación, como hicieran tras el estallido de la pandemia, un número de cuenta para que entidades y particulares hagan sus aportaciones. El motor social que funciona en las entrañas de este barrio no quiere dar la guerra por perdida y pide a las administraciones que no dejen caer también a Torreblanca.














LA ZONA PÚBLICA : Desmontando a Óscar Camps.

Es 7 de abril de 2016 por la noche y en el Teatre Nacional de Catalunya no cabe un alfiler. Se celebra una gala que culmina cuando Óscar Camps sube al escenario. Ovación cerrada. El activista pro-derechos humanos se acaba de convertir en ‘Catalán del año’. En la estrella del evento con el que El Periódico reconoce anualmente a los catalanes más admirados. 



Camps recibe la estatuilla de manos de Carles Puigdemont, mientras las felicitaciones desbordan las redes. En su discurso, Camps asegura que le hubiese encantado no ganar nunca ese premio. Porque a Óscar Camps lo nombran catalán del año en reconocimiento a su labor humanitaria: salvando inmigrantes a la deriva por el Mediterráneo.


No imaginaba que, poco después, los trabajadores de su empresa de socorrismo iban a declararse en huelga indefinida para denunciar los constantes incumplimientos de las condiciones laborales. Que lo llevarían a juicio y que perdería. Que se vería en el ojo del huracán porque, en su vida pública, salva a náufragos que intentan alcanzar las costas europeas. Pero en su faceta de empresario oprime a sus trabajadores en esas mismas costas.

La lista de quejas es larga. Jornadas maratonianas de trabajo, descensos paulatinos de salario para poder ofertar más barato que las otras empresas y adjudicarse así los concursos para gestionar el socorrismo de muchas playas españolas, instrumental obsoleto o inexistente, horas extras que exceden por mucho las fijadas en el convenio y represalias contra los trabajadores que pretenden organizarse sindicalmente. Voraz o explotador son los calificativos que le dedican sindicatos y personas que han trabajado para él.

Es el lado oscuro del icono humanitario de nuestros días. De un joven que aspiraba a ser dibujante de cómics, que encontró en el socorrismo su modus vivendi, que creó un imperio en ese sector y que ha acabado siendo famoso por rescatar a personas del mar, pero criticado (y condenado) por sus malas prácticas con sus trabajadores.


Del cómic al agua

Óscar Camps Gausachs (Barcelona, 1963), es tal vez la figura del momento. El protagonista de este verano. Su labor de salvamento a bordo del barco Open Arms, rescatando inmigrantes por el Mediterráneo, ha convertido a este catalán de 56 años en el nuevo icono humanitario mundial. A su barco se han subido personajes ilustres como Marc Gasol o, más recientemente, Richard Gere. Gracias a su intervención, cientos de inmigrantes que pretendían llegar a Europa a bordo de frágiles pateras han podido vivir para contarlo. Su proyecto quijotesco le ha puesto en el objetivo de los medios de todo el mundo, en el pedestal de las organizaciones humanitarias, y en el punto de mira de políticos ultraderechistas como Matteo Salvini.

Pero antes de llegar a tal grado de popularidad, Óscar Camps ha pasado por otras fases mucho menos conocidas. Camps destacaba en su juventud en sus facetas de dibujante y de nadador. El sueño de ganarse la vida con los cómics lo abandonó pronto y el de la competición deportiva nunca le acabó de llenar. Lo que sí que fue siempre fue emprendedor. Con 25 años ya creó su primera empresa, una agencia de alquiler de coches en Castelldefels. Cuenta La Vanguardia que en 1993 se separó de su primera esposa, dejó el rent a car y se puso a trabajar en la que sería su otra gran vocación: ayudar a la gente.




Óscar Camps junto a Ada Colau

Encontró trabajo en las ambulancias de Badalona y fue consolidando su voluntariado en Cruz Roja, realizando trabajos en grandes eventos de Cataluña como rallys o conciertos. Pero encontró su futuro en el mar, ese que empezó a amar desde pequeño cuando lo llevaba su abuelo. Hasta la entrada de este siglo, no estaba regulada la presencia de socorristas en Cataluña. Hasta entonces, Óscar cumplió puntualmente con su labor como voluntario las playas catalanas.



Pero en 1999 cambiaron las cosas. La Generalitat sacó el primer decreto de piscinas que regulaba la presencia de socorrista. Ahí decidió que se acabó el voluntariado y empezaba el negocio: decidió fundar Proactiva Serveis Aquàtics S.L., la empresa con la que se acabaría haciendo con el control del servicio de socorrismo de gran parte de la costa catalana, Baleares, Canarias y la costa levantina.

Condiciones precarias

Desde que se fundó, la empresa de socorrismo ha ido creciendo a un ritmo vertiginoso. Demasiado tal vez: “Se ha ido quedando con casi todas las adjudicaciones del servicio de gestión de socorrismo en las playas catalanas a base de reducir el precio de los servicios hasta tal punto que las empresas pequeñas no puedan competir”, denuncian desde el sindicato portuario de Barcelona CGT, que fueron los primeros en denunciar públicamente, en 2018, las prácticas fuera de la legalidad de Óscar Camps con su empresa.  

¿Cómo conseguía Camps estas adjudicaciones ofertando unos precios tan bajos y que le siga saliendo rentable: “Pues lo de siempre: reduce los salarios de sus trabajadores y reduce el tamaño de sus plantillas, haciendo que algunos trabajadores hagan jornadas de 10 horas diarias sin descanso, en días libres y durante todo el verano, a pleno sol”, señala este sindicato. 

También apunta el sindicato a “fraude en la contratación, haciendo que una relación fijo-discontinua pase a ser temporal por obra y servicio, abaratando los costes de despido”, así como “mala calidad de los materiales de salvamento, sin tener en cuenta la salud e integridad de los bañistas y trabajadores”.



No va a los juicios

Cuentan desde el sindicato, desde donde aseguran haber recogido numerosas comunicaciones con extrabajadores hartos por las paupérrimas condiciones laborales, que “cuando se presenta a los concurso dice que tiene, por ejemplo, una ambulancia para esa playa. Luego resulta que no es cierto y que, cuando hace falta, la tiene que traer de otra playa, dejando una sin cubrir”.

Por último, denuncian que en la empresa hay “persecución sindical a todos los que quieren organizarse para combatir las condiciones impuestas. El año pasado, 5 trabajadores de la playa de El Campello fueron despedidos al montar una sección sindical de CGT”. Poco después, la justicia le dio la razón a los sindicalistas y un varapalo a Óscar, al que condenó por vulneración de los derechos fundamentales.

Proactiva despidió al representante del sindicato CGT en las playas de Barcelona. Despido nulo e indemnización por daños morales fue lo que falló el alto tribunal catalán. “Ni siquiera se presenta a los juicios, porque tiene tan claro que lo que está haciendo es ilícito, que no comparece para ahorrarse los gastos de abogados”, cuentan fuentes del sindicato que ha denunciado las prácticas abusivas del activista del Open Arms.



Camps sigue mandando

Camps se quita del medio en 2015. Al menos en apariencia. Asegura que ese año se apartó de la empresa, justo cuando empezó a dedicarse a la labor humanitaria. Sin embargo, los trabajadores que denuncian sus malas condiciones laborales, niegan este extremo y aseguran que sigue teniendo todo el poder en la toma de decisiones de la empresa, aunque ahora no salga en la foto. "Óscar Camps sigue al frente del brazo comercial de Proactiva. Firma los despidos, las renovaciones de contratos y tiene un canal de radio, llamado Delta Oscar. Cuando se pone en línea, todo el mundo tiene que callar y escuchar", explicaban fuentes de Proactiva a EL ESPAÑOL por medio de Crónica Global.

Balcón del ayuntamiento de Barcelona, durante una representación en donde se observa a su alcaldesa Ada Colau junto a una pancarta de Open Arms.

Precisamente fue en 2015 cuando Camps perdió su primera batalla judicial contra sus empleados: el Tribunal Superior de Justicia de Baleares le condenó por despidos improcedentes a cinco de sus socorristas que trabajaban en playas de Ibiza. Ahí fue donde Camps se quitó del foco de esta empresa y consagró su imagen exclusivamente al barco humanitario. Es la que le ha llevado a convertirse en el último icono humanitario moderno. Mientras, la empresa de socorristas seguía litigando con trabajadores descontentos.

No entienden que, a pesar de las huelgas, de las condenas judiciales y de malas experiencias laborales como las que tuvieron en Baleares con su empresa de socorrismo (que acabó retirándose de las costas antes incluso de que venciese el contrato), se le sigan adjudicando contratos en la costa barcelonesa. Su presunta amistad con la alcaldesa Ada Colau ha sido un factor repetido hasta la saciedad en el entorno marítimo de Barcelona. La alcaldesa le adjudicó en 2016, una vez más, la gestión del socorrismo de las playas de Barcelona. 

Una sombra demasiado alargada.

Los afectados inciden en que "esto no tiene nada que ver con lo que está haciendo con el barco. Somos gente de mar y somos los primeros en aplaudir esta iniciativa. Yo, incluso, me apunté para ir en el Open Arms aunque no me llamaron", cuenta uno de los perjudicados por Proactiva. Lamentan también desde el sindicato que la información publicada "haya sido utilizada por la extrema derecha para sus propios fines". Pero, cuentan, "lo de Óscar Camps con sus empleados debe saberse. Estamos hablando de derechos laborales. De dignidad". 




Como parte de la Agenda Europea de Migración, la Comisión propuso un reglamento el 9 de septiembre de 2015 para establecer una lista común de la UE de países de origen seguros, que inicialmente comprende Albania, Bosnia y Herzegovina, la ex República Yugoslava de Macedonia, Kosovo, Montenegro, Serbia y Turquía. El objetivo es acelerar las solicitudes de asilo de ciudadanos de estos países, que se consideran 'seguras' en cumplimiento total de los criterios establecidos en la Directiva de Procedimientos de Asilo 2013/32 / UE y el principio de no devolución. Actualmente, las listas se definen a nivel nacional y no se coordinan, lo que puede conducir a diferentes tasas de reconocimiento de solicitudes de asilo similares y, por lo tanto, crear incentivos para movimientos secundarios y compras de asilo.














































UN EJÉRCITO "EN LA SOMBRA" PARA OPEN ARMS.


El perfil alojado en una conocida red social de la empresa Pro-activa Servicios Acuáticos, dedicada al socorrismo, no redirige a ningún sitio web que la identifique con la empresa en sí misma. Sin embargo, un dato curioso aparece, a la hora de que la página oficial de la empresa nos redirija a esa misma red social. El dato curioso es que, en este caso, el usuario es redirigido al perfil de Open Arms. El claro objetivo de la primera empresa, dedicada al socorrismo, no es otro que actuar de plataforma de la segunda, a la vez que recluta a cientos de “socorristas”. Un ejército que pasará a formar parte del de “rescatadores” sin ánimo de lucro de Open Armas.

 
























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