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LA ZONA PÚBLICA : Mutilaciones con motosierras y asesinatos: los atroces castigos de las bandas en las minas de oro venezolanas.

Human Rights Watch (HRW) ha denunciado en un nuevo informe los delitos que se cometen en las minas ilegales de oro, al sur de Venezuela, que son controladas por bandas criminales, y en las que grupos armados (sindicatos) mantienen un control férreo del territorio donde se encuentran las mayores reservas de recursos minerales del país sudamericano.

La mina de oro «Ocho muertos» en Las Claritas, en 2016 - @ Clavel A. Rangel

La presencia de estos sujetos ha sido denunciada por los pobladores que han sido acosados y han sido víctimas de violaciones de derechos humanos. En el documento, HRW explica que a las minas de oro llegan las personas de bajos recursos a trabajar debido a la acuciante crisis económica y estando ahí «se han convertido en víctimas de delitos macabros cometidos por grupos armados que controlan (las) minas ilegales», expresó José Miguel Vivanco, director para las Américas de HRW.

«Los distintos sindicatos que controlan las minas ejercen un estricto control sobre las poblaciones que viven y trabajan allí, imponen condiciones de trabajo abusivas y someten a tratos brutales a quienes se acusa de robos y otros delitos. En los peores casos, han desmembrado y matado frente a otros trabajadores a quienes presuntamente no habían cumplido con sus reglas», reza el documento. Varios residentes dijeron conocer casos en que miembros de sindicatos habían desmembrado con motosierras, hachas o machetes a quienes transgredieron las reglas.

De la misma manera que denuncian, también lanzan una importante advertencia: «Es crucial que las refinerías y quienes compran oro se aseguren de que el oro venezolano que forma parte de sus cadenas de suministro no esté manchado con la sangre de víctimas venezolanas».

La explotación de recursos también ha repercutido en el medioambiente así como la salud de las personas que trabajan en Arco Minero del Orinoco, que contempla una zona de 114.000 kilómetros cuadrados, el 12,2% del territorio venezolano. Y la explotación de recursos como la bauxita, oro, coltán, hierro, cobre, diamantes y coalín, ha puesto en riesgo a la población también conformada por más de 54.000 indígenas, y la deforestación y el uso de mercurio en la actividad minera.

Desde sus inicios, el proyecto ha estado en gran parte controlado por Rusia y China, países que han invertido y participado activamente en la explotación de oro y diamantes.

Testimonios desgarradores

El informe recoge declaraciones de personas que han sido víctimas de los abusos y la explotación. Durante 2018 y 2019, HRW entrevistó a 21 personas que trabajaron en minas o en localidades mineras del estado Bolívar. Otras 15 entre periodistas, indígenas y expertos dieron sus testimonios entre octubre y noviembre pasado. Todos los entrevistados coinciden con que no sólo hay un control por grupos armados, sino que grupo paramilitar colombiano ELN ha tomado parte del territorio minero y han tenido presencia activa.

El régimen de Nicolás Maduro ha sido otro de los participantes de la zona, según las denuncias de diputados. De acuerdo con información de parlamentarios, como Américo De Grazia, Nicolás Maduro Guerra, hijo del presidente chavista, lidera uno de las minas. Y aunque los testigos aseguran que el Gobierno chavista es consciente de la situación, Human Rights Watch no encontró «información pública sobre investigaciones que se hayan realizado para determinar la responsabilidad penal de funcionarios gubernamentales o miembros de las fuerzas de seguridad venezolanas implicados en estos abusos». Mucho menos recibieron respuesta del régimen cuando solicitaron información al respecto.

La explotación del Arco Minera comenzó en 2016 por un decreto presidencial, sin embargo, el organismo tampoco encontró algún registro de la Asamblea Nacional venezolana, la institución pública que tuvo que aprobar la decisión como lo exige la Constitución. «Según información recibida por la Oficina de la Alta Comisionada para los Derechos Humanos de la ONU y los testimonios recabados por Human Rights Watch, el gobierno no llevó a cabo previamente estudios adecuados de impacto ambiental ni consultas a poblaciones indígenas que vivían allí, como también lo exige la Constitución».

Por si fuera poco, Maduro dijo en octubre que le cedería la gestión de una mina de oro a cada uno de los gobernadores de los estados que pertenecieran al partido oficialista como premio de lealtad.

Entre los desgarradores relatos se encuentra el de Ligia Castro (seudónimo), de 35 años, quien trabajó en minas en El Algarrobo y La Cucharilla en 2018. Durante el día trabajaba en un restaurante y de noche en las minas. Castro contó que, en 2018, fue acusada una joven en una de las minas de «robar» un par de pantalones a otra mujer.

«La joven insistió que no había robado nada. Castro contó que miembros del sindicato le cortaron las manos a la mujer con un machete, mientras le gritaban: ‘¡Di que no lo vas a hacer más!’. Cuando la mujer repitió que no había robado los pantalones, los miembros del sindicato dispararon al aire mientras exclamaban: ‘¡Acá no se puede robar!’. Castro contó que miembros del sindicato aplicaron vendas a la mujer y se la llevaron en un lanchón. Le indicaron que dijera haber tenido un accidente porque sabían dónde encontrar a su familia».

Entre los entrevistados se encuentra un niño de 16 años con fractura de columna provocada por el golpe de un tronco mientras usaba una manguera de alta presión sin ningún tipo de protección. Otro de 17 años, contó haber visto a miembros del sindicato amputar dedo por dedo de las manos de un minero acusado de haber robado oro, antes de amputarle lo que quedaba de ambas manos. Dijo que lo hicieron frente a otros mineros para que «todos pudieran ver». Estos son algunos de las atrocidades que se cometen en la zona minera de Venezuela, en la que también las personas son mutiladas con motosierras o forman parte de la larga lista de personas masacradas cruelmente.



Repunte de la malaria

La malaria ha tenido un repunte en los últimos años al sur del país. Entre 2010 y 2018, aumentaron los casos en un 797%. El año 2015 fue comparado con 2016, por un incremento preocupante de 136.402 a 240.613 casos. Mientras que en 2018 se registraron 404.924 casos.

Y debido a la migración interna de habitantes de Bolívar y del estado Amazonas, se ha propagado en otras regiones del país la enfermedad que había sido erradicada a mediados del siglo pasado.









LA ZONA PÚBLICA : WWF en el Parque Nacional Salonga de la República Democrática del Congo: tortura, asesinato y violación en grupo.

Los graves abusos cometidos en el Parque Nacional de Salonga por guardaparques financiados por el WWF y otros donantes, son tan solo los últimos eventos en ser documentados. Este es un problema más amplio sobre derechos humanos e intervención colonial en los bosques tropicales.

Una investigación realizada por la organización Rainforest Foundation UK reveló que las comunidades que viven en torno al Parque Nacional de Salonga, en la República Democrática del Congo, han sufrido torturas, asesinatos y violaciones en grupo a manos de guardaparques financiados por WWF y varios otros donantes internacionales.

La investigación registra graves incidentes, entre ellos dos casos de violaciones en grupo, dos asesinatos extrajudiciales y múltiples informes de torturas y otras formas de maltrato cometidas por guardias del parque.

La organización Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF, por su sigla en inglés) comenzó a trabajar en 2004 en el Parque Nacional de Salonga, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Desde 2015, WWF ha sido responsable de la administración del parque.

Aproximadamente 700 comunidades viven alrededor del parque, lo que incluye un estimado de 130.000 personas que viven en un “corredor” entre las dos mitades separadas del parque. Cuando se creó el parque en 1970, muchas de estas comunidades fueron desalojadas de allí y se les prohibió acceder a sus bosques ancestrales, de los cuales dependen para su supervivencia. Estas comunidades están en situación de desnutrición generalizada, que atribuyen mayormente a las restricciones vinculadas a la conservación y que afectan sus actividades tradicionales de caza y pesca.

Las medidas conservacionistas se han militarizado cada vez más en los últimos años. Las iniciativas contra la caza furtiva están a cargo de la autoridad congoleña de áreas protegidas (ICCN – Institut Congolais pour la Conservation de la Nature), a veces en colaboración con el ejército congoleño, además de los aproximadamente 300 ecoguardias que trabajan en el Parque Nacional Salonga.

“Es común que las mujeres que se aventuran en el parque sean violadas, y los hombres deben enfrentarse a casos de extorsión y tortura”, declaró un aldeano que vive en los límites del parque al equipo de investigación.


El WWF y el Banco Alemán de Desarrollo

En mayo y octubre de 2018, Rainforest Foundation UK informó a WWF y al KfW – el Banco Alemán de Desarrollo, uno de los financiadores del Parque Nacional de Salonga – sobre las presuntas violaciones de los derechos humanos. En enero de 2019, WWF accedió a encomendar una investigación sobre el caso de abusos en el Parque Nacional de Salonga.

En febrero de 2019, la investigación confirmó el asesinato de tres hombres, la violación de seis mujeres y la tortura de tres hombres por ecoguardias entre 2002 y 2016. Sin embargo, aunque no se había establecido que el informe fuera confidencial, WWF comunicó a Rainforest Foundation UK que la investigación no estará disponible excepto en condiciones de estricta confidencialidad.


Simon Counsell, Director Ejecutivo de Rainforest Foundation UK, dijo: “Aunque estos informes son impactantes, tememos que el alcance real de las atrocidades pueda ser mucho mayor. En solo dos zonas cercanas a Salonga, las entrevistas realizadas a más de 230 personas locales revelaron que una cuarta parte de ellas denunció ser víctima de algún tipo de abuso. WWF debe permitir el acceso a los informes de su última investigación, reconocer públicamente lo que ha sucedido en Salonga y comprometerse públicamente a ayudar a las víctimas y garantizar que esas violaciones y daños a las comunidades locales no vuelvan a ocurrir”.

Al mismo tiempo, los periodistas de BuzzFeed News, que informaron sobre abusos generalizados en torno a Parques Nacionales apoyados por WWF en África y Asia, presentaron una causa legal para que KfW publicara documentos sobre la correspondencia relacionada con la financiación del Parque Nacional Salonga por parte del banco de desarrollo. El interés de BuzzFeed News es saber cuándo se enteraron KfW y el gobierno alemán de las graves violaciones de los derechos humanos y qué tratamiento les dieron. Hasta el momento, KfW ha destinado 5,4 millones de euros para la administración del Parque Nacional de Salonga.

“Es un tema de control”

En 2015, un empleado de WWF fue nombrado funcionario principal del parque, a cargo de cientos de ecoguardias. Después de dejar el trabajo, en una entrevista con la revista Nomad, declaró acerca de las comunidades que viven en el Parque Nacional de Salonga: “Pasé mis primeros cinco días en una canoa visitando varios sectores del parque. Cuanto más te adentras, más aislado y subdesarrollado es todo. Hay una presencia policial de mano dura. Fui a un pueblo muy aislado, donde me recibió un contingente de policías con equipo antidisturbios, con lanzacohetes. Fue muy intimidante. Es un tema de control. Siempre hubo historias de extorsión, robo, violación y palizas. Ellos se atribuían ser la ley, al igual que el ejército congoleño asignado al parque para controlar la caza furtiva. Hicieron un buen trabajo reduciendo la caza furtiva, pero de una manera bastante dura”.

Lamentablemente, estos abusos en el Parque Nacional de Salonga son tan solo los últimos sucesos en ser documentados por Rainforest Foundation UK y Buzzfeed News. Esto definitivamente es solo la superficie de un problema más amplio sobre violaciones de los derechos humanos e intervenciones coloniales en los bosques tropicales. Muy a menudo, las organizaciones conservacionistas están en el centro de estos graves abusos.





No es científico, como han afirmado algunos medios en sus publicaciones, es ambientalista y se estrenó en este mundo como anillador de aves. Ni siquiera firma los supuestos correos que envía a cientos de personas, en donde conste que es el Secretario General de WWF España. Además, no consta que plante árboles con sus propias manos, sino que son los sobornados voluntari@s quienes se encargan de la tarea.




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LA ZONA NEGRA : La oscura "estación de consuelo" de Japón.


Son muchas –y en los tiempos que corren cada vez más graves– las cuentas pendientes con la memoria. No ya la propia o la ajena, sino la memoria como concepto, instrumento o recordatorio. El mundo gira demasiado deprisa, y va dejando cosas por el camino. Lo importante ayer es insignificante mañana; lo grave, se vuelve liviano; pero lo que hiere, sigue hiriendo. A menudo no es posible pasar página y evitar el corte de la hoja.


Historia y memoria, memoria e historia, matrimonio eterno de camas separadas. Si dejamos que la memoria vuelva como un fantasma, nos veremos obligados a escondernos debajo de la cama, echarnos una manta encima y cerrar puertas y ventanas. Atender y aceptar estas sombras se ha mostrado a menudo más conciliador y reparador de rupturas en la ciudadanía.

El mundo ha avanzado. Como seres globalizados y preparados para vivir con respeto en comunidad, somos capaces de disertar sobre cooperación internacional, justicia global y derechos humanos. Respecto a estos, uno de los asuntos no resueltos en muchos países son los episodios de opresión y violaciones de los derechos de diversos grupos o colectivos. Es lo que ha sucedido con las llamadas “mujeres para el consuelo de los militares japoneses”, víctimas de la esclavitud sexual institucionalizada por el Estado japonés en los años treinta y primera mitad de los cuarenta del siglo XX.



¿Quiénes son las mujeres de confort?

Las mujeres de consuelo, de confort o mujeres de solaz, eran principalmente coreanas, pero también chinas, indonesias, de diversos países del sureste asiático, incluso holandesas y algunas japonesas. Fueron forzadas a realizar servicios sexuales para los combatientes del ejército imperial japonés en los “centros de solaz”, regentados por el ejército. El sistema de estos centros se planeó e institucionalizó durante la guerra de los Quince Años (1931-45); es decir, durante el incidente de Manchuria, el de Shanghai, la guerra sino-japonesa y la guerra de Asia-Pacífico.

A finales de 1937, cuando Japón invadió China comenzando la segunda guerra sino-japonesa, se establecieron muchos centros de solaz entre Shanghai y Nanking, así como en el norte, sur y noreste de China. Su propósito era evitar la violación de las mujeres procedentes de lugares invadidos, impedir la transmisión enfermedades venéreas y “controlar” el estado de ánimo de los soldados.

Aunque en la guerra se incrementó el número de mujeres reclutadas para ejercer la prostitución, este tipo de práctica existía desde los tiempos de los samuráis. Tradicionalmente, las autoridades de una región derrotada organizaban los servicios sexuales con prostitutas para proteger a sus mujeres del acoso de los vencedores.

Según documentos históricos, el tráfico de mujeres en Asia se llevó a cabo desde 1870, con un aumento significativo a partir de 1919, cuando el gobierno de Japón declaró ilegal la prostitución. Las mujeres eran reclutadas en los puertos, y después transportadas en las bodegas de vapores mercantes británicos y holandeses, o hasta en sampanes, para poblar los burdeles del sureste asiático. Con unas condiciones de vida penosas, prestaban servicio a los soldados coloniales e inmigrantes de las potencias europeas.


Foto Fuente

El ejército imperial también reclutó mujeres en Corea para atender a las numerosas tropas japonesas en las islas del Pacífico. Posteriormente, en ciudades como Singapur, prostitutas chinas y japonesas atendieron en prostíbulos a los soldados británicos, antes de ser derrotados. En los burdeles, las prostitutas (ianfu) atendían a un promedio de 100 hombres diarios.

Desde los inicios, las mujeres de confort sufrieron explotación sistemática y consentida por parte de las instituciones públicas del imperio japonés. Hay historiadores revisionistas y componentes del ala conservadora del Partido Liberal Democrático (PLD) que afirman que algunas de estas mujeres prestaban servicios de prostitución por elección personal. Sin embargo, numerosos documentos invalidan esta hipótesis; en ellos se expone cómo la mayoría, muy jóvenes, había llegado a las estaciones de consuelo a través de engaños, secuestros, violencia o vendidas a los traficantes por sus propias familias, carentes de recursos. Allí eran vejadas, humilladas y obligadas a someterse a agresiones sexuales continuas.

Dos de las supervivientes de las 200.000 coreanas que fueron esclavizadas por el ejército japonés. - C.G

Japón y Corea, cuentas pendientes

No fue hasta 1993 cuando el gobierno de Japón pidió disculpas públicamente y reconoció oficialmente que durante la Segunda Guerra mundial el ejército japonés había forzado a unas 200.000 mujeres asiáticas y europeas a ejercer la prostitución.

Más de 20 años después, en diciembre de 2015, el presidente japonés, Shinzo Abe, y su homóloga de Corea del Sur, Park Geun-hye, firmaron un acuerdo por el que Japón pedía disculpas oficiales a las mujeres coreanas por estos sucesos. El gobierno japonés reconocía de esta manera la implicación de su país en la esclavitud sexual, ofreciendo además un fondo de compensación para aquellas que todavía viven.

Park Geun Hye

Shinzo Abe

Han sido muchos años de ausencia, silencio y eufemismos. Estas mujeres se encontraban “allá, allá lejos/donde habite el olvido”, como escribió Luis Cernuda. Muchas, aún vivas, consideran que es tarde para el perdón y las reparaciones propuestas insuficientes. Y ese es otro asunto: la mayoría ha muerto y jamás escucharán disculpas ni podrán “disfrutar” las compensaciones. Ha pasado mucho tiempo y, en general, el acuerdo de 2015 se considera humillante para ellas. Por otra parte, solo se han cumplido dos de las tres reivindicaciones que las activistas reclamaban: las compensaciones económicas y las disculpas oficiales por parte de Japón, pero no hay repercusión legal alguna para nadie. Días después del acuerdo, en medio de las protestas callejeras por el mismo, Lee Yong-Soo, superviviente, con 88 años en 2015, afirmaba que “la lucha continúa (…) no creo que las víctimas hayan sido ni siquiera consideradas en el acuerdo”.

Aunque la mayoría de las mujeres procedía de Corea del Sur, hay víctimas de muchos otros países como China, Taiwan, Filipinas, Tailandia, Indonesia, Vietnam o Malasia. Y estas mujeres no se sienten incluidas en el acuerdo. 

Foto Fuente

El gobierno de Taiwan, por ejemplo, hizo una llamada de atención a los japoneses, pero no fue tenida en cuenta. China, por su parte, consideró que el acuerdo no era más que una estrategia política del gobierno japonés para aumentar la rivalidad entre ambos países.

Es evidente que saldar deudas con el pasado es difícil, asusta y no es fácil satisfacer a todos los implicados. Quizá por ello, la memoria histórica sea tan controvertida, pues no define a un individuo, sino a una colectividad, un país, una región. El consenso es arduo, pero es necesario luchar por él. ¿No es, al fin y al cabo, la identidad colectiva la base de nuestra existencia individual?

Monumento a las “mujeres de confort. Fuente.






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LA ZONA PÚBLICA : La "Ley Mordaza" en Cádiz y el pájaro de la liberad.

La historia comenzaba la madrugada del 1 de marzo de 2015. El protagonista de la macabra historia era un periodista Gaditano, Natanael Bello. Todo ocurrió mientras paseaba por el Pópulo, el barrio más antiguo de Cádiz, para apurar las últimas coplas del Carnaval 2015.


Volvía a casa andando y tras subir la Cuesta de las Calesas y pasar los torreones de Puerta Tierra, se paró en un monumento a descansar: el conocido como ‘pájaro jaula’ –tal cual es– dedicado a la libertad, a la Constitución Española de 1978. Y se fijó que en la base del mismo estaba tallado el artículo 14 del texto constitucional: “Los españoles son iguales ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social”.

UNA ACTITUD SOSPECHOSA…

En ese momento una patrulla la Policía Nacional se encontraba realizando labores de prevención cuando “observaron un individuo que se encontraba en una actitud sospechosa frente al monumento de la paloma”, explican desde el CNP. Así que, “después de observarlo durante minutos en la misma actitud y ante la posibilidad de evitar que dañara el mobiliario urbano, procedieron a la identificación de esta persona”.

Natanel ni los vio. Él estaba en lo suyo observando una escultura que no ha estado exenta de polémica desde su inauguración pero que ya forma parte del paisaje gaditano. Explica que, de repente, se vio rodeado por cuatro agentes que le requirieron que se identificara. “Nunca me negué a hacerlo”, aunque no saliera de su asombro. Simplemente, “tardé”. “Tengo un monedero pequeño y no lo encontré tan rápidamente entre las once tarjetas que llevo, entre el carnet de la Seguridad Social, el bonobús, la tarjeta deportiva, etc”. Cuenta que entonces uno de los agentes le preguntó “si le estaba vacilando” y, ante “su actitud chulesca”, le respondió que no lo encontraba y les pidió que ellos también se identificaran. “A partir de aquí, todo se torció”.


La versión policial asegura que el joven les dijo que “no le molestaran”, que “tenía derecho a estar allí” y, que “ellos no eran nadie para decirle a él lo que tenía que hacer”. Aseguran que estuvieron “varios minutos” invitando al joven a que “depusiera su actitud” y les mostrara su DNI pero “mantuvo una actitud desafiante sacando diversas tarjetas de la cartera y diciéndoles a los agentes que ninguna de la documentación que tenía le iba a servir”.

Lo cierto es que la Policía entendió que “se resistió a su identificación” y que tenía que hacerlo en la Comisaría. Natanael relata que, “me redujeron y me metieron en el coche a trompicones”. Les dijo que tomaba anticoagulantes y que cualquier herida era muy peligrosa para él. “La respuesta que recibí fue un rodillazo en la cara”.

Por el contrario, el relato policial explica que fue el joven los insultó y se resistió “dando una manotazo a uno de los agentes”. Así que “debido a su actitud agresiva y a los golpes propinados a los agentes fue informado de los hechos que motivaban su detención, así como de los derechos que le asisten como tal”.

Natanel fue conducido a la Comisaría y pasó la noche en el calabozo. “Llegué en estado de shock” y una vez dentro, “me metieron las manos en los bolsillos, me arrancaron el fular de un jalón y me quitaron los zapatos”. Durante cinco horas permaneció en el calabozo descalzo esperando una contestación porque “no sabía de qué me acusaban”. Requirió hasta en tres ocasiones ser atendido por un médico por el dolor que sentía en la mejilla y por el estado de nervios en el que se encontraba.

Tuvo que ser trasladado a Urgencias del Hospital Puerta del Mar de Cádiz donde fue atendido de esa contusión y del estado de estrés en el que se encontraba, tal como recoge el parte médico de la Administración sanitaria. Eso fue a las 11.15 horas de la mañana del domingo e, inmediatamente, acudió al juzgado de guardia a denunciar el presunto abuso policial.

La Policía insiste que actuó conforme a la ley y, aunque en un principio, alegó que lo hacían bajo preceptos de la nueva Ley de Seguridad Ciudadana, ahora han explicado que la legislación habitual –e incluso el decreto que recoge la expedición del documento nacional de identidad- obliga a las personas sospechas a la identificación. Pero, en todo caso, la nueva ‘Ley Mordaza’ castiga no llevar el DNI con multas de entre 100 y 600 euros.

En todo caso, Natanael reitera que “nunca me negué a identificarme”. El problema fue que “yo les pedí que lo hicieran”. Ha vuelto a acudir a un centro de salud porque, después del susto, “me dolía todo el cuerpo”. El nuevo informe médico recoge lesiones en el costado, antebrazo, muñeca y cuello y refiere hematomas en esas zonas.


La Policía mantiene que su actuación fue ajustada a la ley y que no hará más declaraciones al respecto para “no generar debates estériles”, así que apela a la celebración del juicio. Lo interesante es que el monumento se ubica frente al edificio de Hacienda y a un lado de la Subdelegación del Gobierno, por lo que Natanel solicita las cintas de las cámaras de seguridad que rodean la zona para demostrar su versión.


Antonio Sanz

EXIGENCIA DE EXPLICACIONES

Aunque la detención no fue en el ejercicio de la profesión, las asociaciones de periodistas han pedido explicaciones al respecto. La Asociación Se Buscan Periodistas (SBP), de cuya ejecutiva el joven forma parte, y la Asociación de la Prensa de Sevilla (APS) han solicitado explicaciones al delegado del Gobierno en Andalucía, el gaditano Antonio Sanz.

“Prescindiendo de los matices exculpatorios que aportan las versiones de cada parte, los hechos objetivos se pueden resumir en que un ciudadano detenido ante un monumento, sin intención de dañarlo, y que no saca el DNI con la suficiente diligencia, termina con una contusión en el pómulo y con cinco horas incomunicado en un calabozo policial”. Creen en “su total honestidad y veracidad de su versión tras haber demostrado estos valores en el ejercicio de sus funciones” y, por eso, piden explicaciones ante estos hechos.

La Asociación de la Prensa de Sevilla (APS) considera que actuaciones como estas, que parecen ser “el prólogo” de la inminente Ley de Seguridad Ciudadana, “atentan gravemente contra los derechos de los ciudadanos”.

CONTRA LA LEY MORDAZA

Para la Asociación de la Prensa de Cádiz (APC) “cuanto menos es paradójico” que un ciudadano sea detenido, tras serle requerida su documentación, mientras contemplaba el monumento a la Constitución de 1978. En un comunicado, explican que al margen del resultado de la investigación policial y de la denuncia que el propio afectado ha presentado ante los juzgados, ambas versiones -también la de los agentes policiales- coinciden en que la documentación le fue requerida simplemente por la sospecha o posibilidad de que fuera a cometer un delito. “Esta posibilidad, amparada por la nueva Ley de Seguridad Ciudadana, puede dar lugar a detenciones arbitrarias y no justificadas”.

La asociación de periodistas gaditanos ha recordado además que la ‘Ley Mordaza’ colisiona también con otros derechos constitucionales, como el fundamental derecho a la información o con la libertad de expresión; y crea inseguridad jurídica tanto a periodistas como a reporteros gráficos y editores. Entre estas medidas está, por ejemplo, la posibilidad de sancionar por grabar o difundir imágenes de los cuerpos de seguridad durante la cobertura, disturbios o alteraciones del orden público.

Natanel se enfrenta ahora un juicio de faltas. Ni siquiera lo sabía. “Me dijeron después que era por desobediencia grave y vi que podía tener hasta penas de cárcel. Yo no estoy acostumbrado a esto y aún sigo sin poder creérmelo”.








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LA ZONA DE LOS NOMBRES : Patricia Heras.

La amarga historia de Patricia Heras empieza como esos guiones de Hollywood, donde los policías mienten, los ciudadanos miran para otro lado, los jueces bostezan, los carceleros corrompen y los presos esnifan hasta los polvos de talco. Mientras, la víctima inocente contempla más allá de la desolación y el espanto, que se está “comiendo un marrón” del que apenas sabe nada, salvo que acaba de entrar en el infierno. Y que gritar la inocencia en una cárcel es como leer la Biblia en un prostíbulo; gimnasia intelectual.


Pero en las películas de Hollywood que tratan historias como la que le ocurrió a Patricia Heras en Barcelona siempre aparece, ya bien avanzada la cinta, un personaje positivo. Un abogado, un juez despierto, una periodista sagaz, incluso un funcionario de prisiones digno que asume “un exceso de celo” -desde que Talleyrand instituyó el “jamás demasiado celo”, el exceso de celo es de una radicalidad revolucionaria- defendiendo al inocente y sacando poco a poco, secuencia a secuencia, la verdad de la historia. 

Es entonces cuando la víctima del “marrón”, humillada y ofendida, recupera la normalidad y los espectadores pueden volver a casa con la sensación de vivir en una sociedad difícil, pero donde no cabe el pesimismo. Siempre me impresionó que los contratos de los directores de Hollywood tuvieran una cláusula sobre los finales de sus películas. Los decidían los productores.

Eso es el cine y la historia de Patricia Heras es la vida. Aquí no aparece un Gregory Peck que salva a la víctima injustamente acusada, sino al contrario, esta es una historia sórdida, de seguro que muchas veces repetida pero que tiene una componente que la convierte en singular. La protagonista, con toda seguridad, era un ser excepcional, sensible, independiente, inteligente y culta. Quizá insegura, pero hasta eso sería un síntoma de talento. La gente segura es peligrosa porque se aferra a las certezas, y las certezas, o son mentira o caducan.


Yo no tenía ni idea de quién era Cindy Lauper, jamás la había escuchado. Ahora lo sé, a mi pesar, gracias a Patricia Heras. 

Era un viernes, a principios de febrero de 2006, y entre broma y chiste a Patricia se le ocurrió que le cortaran el pelo a lo Cindy Lauper, pero pasándose; una cabeza de mujer en dados, cuadraditos, entre el dos y cero, con blancas y negras como el tablero de ajedrez, y vestirse en revoltijo, que se decía antaño, con una malla bajo el sujetador, y a gusto y placer. Si hay algo que afirman quienes conocieron a Patricia Heras es que “el vestirse, su apariencia, era un modo con el que nutría de significado su estar en el mundo”.

Y se fue de fiesta con su amigo Alex, y comieron, bebieron, fumaron e hicieron todo aquello que les apetecía hasta la madrugada, que agarraron la bicicleta y se pegaron un toba en esas zonas de la Barcelona-Sur-Mer que uno debe evitar a ciertas horas y ciertas noches. 

Un incidente, nada importante; una brecha en la cabeza, el chico, y algunos magulladuras ella, eso sí, con mucha sangre, tanta como para llamar a una ambulancia, que llegó algo tarde, como suele suceder, y que les trasportó con un detalle añadido de buena crianza, permitiéndoles meter la bicicleta dentro. Es importante la bicicleta, al menos yo se la doy en esta historia, porque desaparecerá con menos rastro que la inocencia.

Uno de los jóvenes condenados por el 4F acusa a los urbanos de ir a por ellos al ser sudamericanos. Más.

Tienen la mala fortuna de que les lleven al Hospital del Mar y ahí da comienzo la pesadilla. Allí coinciden con varios detenidos tras los incidentes del desalojo de una casa de okupas en Sant Pere més Baix, y con los urbanos indignados porque varios de los suyos están heridos. 

Uno de ellos quedará parapléjico. En la sala de espera del hospital acaban todos sumados. ¿Acaso una chica con esa pinta no pertenece a la misma cuadrilla de okupas? El relato que ella misma hará de la situación en la que se ve metida pertenece al género de la picaresca trascendental. Patricia esperaba que le hicieran una radiografía para comprobar si el golpe había dejado secuelas, y acaba esposada y sin bicicleta.

Lo que viene luego es muy vulgar, tanto como la brutalidad. “De repente aparece un tipo con un pasamontañas tapándose le cara y cámara en mano me empiezan a grabar, dura unos minutos en robarme el alma y cuando termina de filmarme me da por hablar. De nuevo les explico que todo es un error, que nosotros hemos tenido un accidente de bici”. 

Ya no hay bicicleta, ni noche de farra y alegría, ni accidente fortuito sino una culpabilidad por homicidio, imagino que en grado de tentativa. Ya es reo de la justicia, da lo mismo que lo expliques en castellano, catalán o arameo. Estás perdido. ¡Y con esa pinta! “Mi corte de pelo es el más famoso de la ciudad. Parece increíble pero me acusaron de homicidio por mi pelo”. 

Entonces lo único que se te ocurre es poder salir de ese fin de semana terrorífico y poder irte a casa a duchar, a mirar por la ventana y a pensar que la pesadilla ha terminado. Pero no es así, por mucho que expliques la bicicleta y el golpe y la ambulancia y la sala de espera del Hospital del Mar, estás perdido. “Ahora pienso lo bien que me hubiera venido ver alguna de esas películas sobre juicios y menos ciencia ficción, ya me lo decía mi madre”.

4F: Aniversario de una infamia. Por Diana J. Torres (en el quinto aniversario del caso). Más.

Patricia Heras entró en la cárcel acusada entre otras cosas de haber lanzado una valla metálica a un policía municipal, cosa que nadie, con sólo ver su aspecto y su figura, podría creer. 

Pero la bola siguió y su historia de la bicicleta debió de convertirse en un chiste carcelario. Entró en la prisión de Wad-Ras y escribió un dietario impresionante por su lucidez irónica. La convivencia en una cárcel de mujeres contada por una chica que sabe escribir: “No he perdido mi capacidad asombrosa de abstracción con lo cual no he perdido la sonrisa ni el buen humor, sólo perturbado por un increíble atasco intestinal”.

Multitudinaria manifestación en el aniversario del caso 4F

Le cayeron tres años. El Supremo los confirmó. “Lo más duro son las entrevistas con la Junta de Tratamiento -la que debe aprobar si pueden concederle el tercer grado-. Duele escuchar que si no reconozco mi delito no tengo voluntad de reinserción, ni arrepentimiento; hoy me ha dicho el psicólogo que eso es propio de psicópatas”. Cuando le permiten salir e ir a dormir a la cárcel, no hay unanimidad en la Junta. La jurista del grupo le dice textualmente “te perdonamos que seas de Madrid”, y ella escribe, alucinada, “creo que con eso ya me lo dijo todo”. El que pone más pegas es el psicólogo, “que encuentra lagunas en mi vida”.

Sé muy poco de Patricia Heras, que vino de Madrid a estudiar Filología en la Universidad de Barcelona, que se licenció, y la descripción que de ella hace una de sus profesoras: 

“Era de una sensibilidad y una lucidez que pocos más tenían dentro del aula. Además de persona extremadamente educada, había leído muchísimo y se había dedicado a reflexionar sobre las constantes humanas con refinamiento espiritual y rigor intelectual”. Lo había dicho ella misma a la juez de instrucción y al fiscal: “No soy okupa, no soy punki y no soy una desarraigada”. Pero se olvidó de añadir, “me visto y peino como me sale de los ovarios”. Mejor no haberlo dicho, la hubieran acusado de desacato.

Siguió así, saliendo y entrando de prisión, hasta que una tarde de martes, en ese momento que hay que ir preparando los bártulos para volver a la cárcel, abrió el balcón y se tiró. Fue el 26 de abril, el miércoles hará seis meses. Dejó versos, porque ya no quedaba otra cosa que dejar. “Mi reino está inerme y envenenado como todo mi ser… Me sé vencida”. 


La madre de uno de los procesados, Mariana Huidobro, escribió una carta a los responsables de su muerte, políticos y jueces, que llevarán sobre su conciencia, dice ella, este crimen impune. “Patricia era un ángel que necesitaba sus alas para volar y ustedes se las cortaron”. La conciencia de toda esa gente pesa menos aún que los artículos de periódico que nunca salieron para homenajear a una poeta muerta, con final de perro abandonado.




‘Ciutat Morta’ o la eternidad en un minuto

El documental Ciutat Morta, dirigido por Xapo Ortega, Xavier Artigas, se emitió por primera vez en uno de los canales secundarios de la televisión pública catalana (el 33) el 17 de enero de 2015, un año y medio después de su estreno, tras haber cosechado premios en distintos festivales y después de que distintos colectivos ciudadanos presionaran para que fuera retransmitido. 

No pudo verse íntegro: por orden judicial, se eliminaron seis minutos en los que un periodista habla sobre el exjefe de información de la Guardia Urbana, Víctor Gibanel, que lo ha demandado por vulneración del derecho al honor, a la intimidad y a la propia imagen. También se ve en ese fragmento cómo Gibanel es reprendido duramente por un juez. 

Esos minutos se han convertido en un fenómeno viral en Internet. A pesar de haberse emitido en un canal secundario y no en su versión íntegra, el documental fue visto el sábado por 569.000 espectadores y obtuvo un 20% de cuota de pantalla, frente al 2% habitual.


Ciutat Morta no se ha exhibido en cines comerciales. Tampoco en RTVE ni en ninguna cadena privada de ámbito nacional que emita en abierto. La película está publicada bajo licencia Creative Commons y puede verse aquí.





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