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LA ZONA PÚBLICA : Lo que nunca te contaron del Topless en EE UU.

De acuerdo a lo que dicen las leyes federales, existen numerosos estados donde una mujer podría perfectamente tomar sol, acudir a una piscina o playa con los pechos al descubierto. En un mapa aparecen pintados en verde oscuro o señalados por flechas. Sin embargo, cualquiera que conozca un poco las costumbres locales tan teñidas de puritanismo en este sentido, podrá saber que ésto no es tan así.


Si bien existen otros países donde el topless no es permitido oficialmente, hay muchos donde es “tolerado” en zonas de playa. En Estados Unidos, cualquier mujer que quiera tomar sol con los senos al descubierto en una playa de Hawaii, California o Carolina del Norte, sentirá la reprobación generalizada y hasta puede ser arrestada por “conducta indecente“ a pesar que “la ley federal del estado” lo permita.

¿Por qué?

Dentro de cada estado americano, cada ciudad puede legislar en contra rechazando por “inconstitucional” la norma superior. Sin embargo, llegado el caso no deseado de que una mujer fuera detenida por “escándalo público“, ella podría apelar con la esperanza de ser absuelta como en varios casos. Aunque también hay casos en contra donde las mujeres se vieron obligadas a pagar fuertes multas.

Este es el mapa de Estados Unidos donde se apuntan todos los estados donde la práctica del topless no está penada… En teoría. La legislación americana va por un lado y la realidad va por otro. ¿Dónde se puede hacer topless en Estados Unidos entonces?


¿Cuál es el problema con mostrarse con los pechos al aire en la playa?

Hay un movimiento que reivindica el derecho a mostrar los pechos en público: GoTopless.org. La realidad es que tiene que enfrentarse a una sociedad que en gran medida se escandaliza frente a… un par de pezones.

¿Recuerdan el “escándalo” del pezón de Janet Jackson durante el espectáculo del entretiempo de la Super Bowl del 2004 cuando cantaba con Justin Timberlake? Hay también mucha controversia sobre el tema de amamantar a bebés en público. Pero éste es otro tema. Volvamos a nuestra pregunta.




¿Dónde se puede hacer topless en Estados Unidos… sin problemas?

Por el momento, sólamente en estas ciudades que se han declarado oficialmente a favor del topless público:

Key West, Florida: únicamente durante el Fantasy Fair
Nueva Orleans, Louisiana: únicamente durante el Carnaval
South Miami Beach, Florida: únicamente en la playa

Para reivindicar el derecho al topless, la organización que mencionamos realiza manifestaciones en diversos puntos de Estados Unidos cada 21 de agosto. 





Más:




ESPAÑA ME MATA : Multar al "Paciente"

Igual que se penaliza a quien se salta un semáforo en rojo, ¿se debería castigar con una multa a quienes hagan un “mal uso” de la sanidad? El presidente de la Organización Médica Colegial (OMC), Juan José Rodríguez Sendín, entidad que agrupa a los colegios de médicos de toda España, es partidario de establecer multas cuando se dé un abuso desproporcionado y reiterado, por ejemplo, de las visitas a las urgencias hospitalarias.


Juan José Rodríguez Sendín

En una intervención en el Foro de la Nueva Economía y en presencia de la ministra de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad, Ana Mato, que presentó el acto, el representante de los médicos apostó por multar al que abuse de los servicios sanitarios: “Yo nunca pondría un copago por ir al médico; pondría un pago por utilizar mal los servicios sanitarios”, al igual que “multan por ir por la carretera cuando se pasa de 120 kilómetros por hora”.

La Federación de Asociaciones para la Defensa de la Sanidad Pública, salió al paso de sus manifestaciones e indicó que la medida “además de injusta está destinada a culpabilizar a los ciudadanos enfermos de los problemas económicos de la sanidad pública”.

En todo caso, y a pesar de las reacciones en contra, el presidente de la OMC insistía en la necesidad de “proteger el sistema” por lo que consideraba tolerable que se impongan “pagos, que no copagos” a quien use indebidamente las facilidades del sistema sanitario.

No es fácil definir el abuso sanitario. ¿Qué entiende Rodríguez Sendín por mal uso de los servicios de salud públicos? “Hay gente que va a urgencias no por miedo o porque esté preocupado, sino para saltarse la lista de espera, y así lo que se consigue es saturar las urgencias para quienes de verdad la necesitan”, afirmaba. En este caso, no vería mal una tasa. “Muchas cosas que se ven en urgencias podrían tratarse en primaria o en urgencias de primaria. Están cada vez más extendidas y equipadas, alguna hasta cuenta con ecógrafos y aparatos de rayos X. Es a esa gente a la que yo me refería, no al que va mucho porque se siente mal”. “El sistema hay que protegerlo con protocolos, y una parte de estos es que se pase por primaria antes”, añade.



De hecho, según los últimos datos del Ministerio de Sanidad (de 2011), el sistema público atendió 20,6 millones de urgencias hospitalarias, y hasta 27 millones en las de primaria (20 millones de médicos y el resto de enfermería), pero las urgencias representan menos de la mitad de los 4,2 millones de ingresos hospitalarios, lo que quiere decir que solo un 10% de las personas que van a urgencias acaba ingresada.

El supuesto abuso en las consultas de urgencias, especialmente las hospitalarias, en lugar de pasar primero por el centro de salud del barrio es un tema recurrente cuando se hace alusión a las malas costumbres sanitarias de la población. Pero no siempre es sencillo trazar una línea que sirva para definir cuándo una patología es leve y cuándo merece la atención sanitaria más especializada que puede ofrecer un servicio de urgencias dotado con una mayor capacidad de diagnóstico.

Juan Jorge González Armengol, presidente de la Sociedad Española de Medicina de Urgencias y Emergencias (Semes) sostiene que no es “en absoluto” partidario de cobrar por un mal uso de las urgencias. “Hacer juicios a priori de lo que tiene un paciente va en contra del código de deontología médico, y como expertos confirmamos que no es fácil”, comentaba.

“No estamos para juzgar, estamos para atender”, añadía, “lo que no significa que hagamos una llamada indiscriminada al uso de estos servicios, ni de ninguno, pero entendemos que un sistema sanitario debe estar al servicio de las tendencias sociales y no al revés”.



González Armengol se refiere al aumento de patologías crónicas y el envejecimiento de la población: “Esto es lo que viene ocurriendo en España en los últimos 30 años”.

El responsable de la sociedad de urgencias no cree que exista un abuso de estos servicios: “Cuando una persona va a las tres de la mañana a un servicio de urgencias es porque tiene un problema”. González Armengol insiste en la idea de no juzgar la necesidad de atención inmediata que perciba el paciente y remite a la definición de la Organización Mundial de la Salud sobre la atención de urgencias:

“Aquello que el paciente o su entorno próximo considera susceptible de atención inmediata”. Por ello, más que apostar por los castigos, se muestra partidario de “insistir en las medidas de educación sanitaria”.

“Esto [la multa] es para pensárselo y que no se malinterprete”, comentó Rodríguez Sendín. No parece que la iniciativa calara muy hondo en la ministra, que, al ser preguntada sobre esta posibilidad, tomó distancia y respondió que se trataba de una “anécdota”.

En cualquier caso, si en España se adoptara esta medida en algún momento, no sería el primer país en incorporarla. En el entorno europeo, Irlanda lo hace, como recuerdan los especialistas en gestión sanitaria Salvador Peiró y José Ramón Repullo.

“En Irlanda, si no se acude a un servicio de urgencias hospitalario derivado por el servicio del 112 o desde la atención primaria se debe hacer frente a un pago”, explica Repullo, jefe del departamento de Planificación y Economía de la Salud de la Escuela Nacional de Sanidad. Para evitar casos de desasistencia a población sin recursos acostumbrada a acudir a las urgencias para resolver sus problemas de salud, existe una tarjeta sanitaria especial que permite a estas personas acercarse a los hospitales sin tener que pagar por la atención que reciban.

Peiró, coordinador de la Unidad de Investigación de Servicios de Salud del Centro Superior de Investigación en Salud Pública de Valencia —dependiente de la Generalitat— añade el ejemplo de aseguradoras sanitarias estadounidenses que también facturan la atención en urgencias a sus clientes si el paciente no acude remitido por un médico de cabecera.



Hay otras experiencias que también se han puesto en marcha con la finalidad de reducir la afluencia a las urgencias y tratar de rebajar la demanda de estos servicios. Por ejemplo, la llevada a cabo por algunas regiones italianas, entre ellas, Milán (el hospital de San Paolo). Estos centros han desarrollado un particular sistema de selección de pacientes en las puertas de urgencia. Los enfermos se clasifican al llegar por su nivel de urgencia y la gravedad que presentan, y como consecuencia de ello, aquellos que el personal sanitario considere que no necesitan atención de urgencia deben pagar si quieren ser tratados. Además, son relegados y reciben los cuidados de forma no prioritaria.

Junto al caso de las urgencias, Rodríguez Sendín traslada en una conversación con EL PAÍS otro ejemplo de mal uso de recursos sanitarios: el de las personas que no acuden a la cita con el especialista. 

“Así solo se aumentan las listas de espera, y el resultado es que son los más débiles los que pagan el pato. Los otros se van a la privada, pero los pobres no pueden y sufren por ese mal uso”. 

Los especialistas ven unos 83 millones de casos al año, según los datos del Informe Anual del Sistema Nacional de Salud, pero, “de media, dependiendo de los servicios, el número de citas que los pacientes no atienden puede llegar al 25%”, comentó Rodríguez Sendín. “Claro que eso varía mucho. Seguro que en cardiología son muchos menos, y en dermatología más, porque en lo que les dan la cita se les pasa el problema”, apunta.

El tercer ejemplo que pone son las personas que no recogen las pruebas, aunque estos casos no son tan importantes porque en muchos hospitales los resultados pasan del especialista al médico por el sistema informático, y el médico tiene los datos aunque el paciente no vaya a recogerlos.



Salvador Peiró cree que hay pocas evidencias de que las fórmulas sanitarias de “castigos a posteriori” funcionen para contener la demanda. Ni siquiera la receta que aplica Irlanda con las urgencias. “No sirve para rebajar la presión asistencial en los servicios de urgencia”, comenta. Sí recuerda algún caso de éxito de “experiencias raras” practicadas en hospitales británicos que desplegaban en las puertas de urgencias a médicos de primaria con la misión de reconducir al circuito de atención primaria a las personas que llegaban con trastornos leves.

Para Peiró el problema de las urgencias recae más en la parte de la oferta, en la organización asistencial, que en la de los pacientes, “que van a donde pueden”. “Yo creo que manejamos mal las urgencias, tratamos a la gente con problemas leves como si fueran graves, practicamos un exceso de pruebas y mal acostumbramos a los enfermos”, relata. “De alguna forma les trasladamos el mensaje de que el médico de cabecera es malo y que apenas pide pruebas, cuando no le hace falta abusar con las pruebas para dar con el diagnóstico como hace acertadamente el médico de primaria”.



El origen de la polémica desatada por Rodríguez Sendín está en una pregunta que le formularon tras su discurso en el Foro de la Nueva Economía: “Me preguntaron por el copago al acudir al médico y yo dije que de ninguna manera, incluso aunque la gente vaya muchas veces al médico por miedo. Tengo colegas en Portugal y ahí el copago es un desastre”.



La posibilidad de cobrar a los pacientes por ir al médico es una de las propuestas del informe de los expertos sobre la reforma fiscal. Esta posibilidad, el llamado tique moderador que tiene como objetivo poner barreras a la frecuentación excesiva de las consultas y que existe en países como Francia (1 euro por consulta de atención primaria con un máximo de 50 euros al año) o Bélgica. En Alemania, también estuvo vigente. Los pacientes debían abonar desde el año 2004 la cantidad de 10 euros al trimestre para acudir a la consulta del centro de salud y otros 10 euros al acudir al especialista sin volante de su médico o al servicio de urgencias. En noviembre de 2012, en pleno año electoral, se eliminaron estos pagos.

El único copago vigente en España hace referencia a los medicamentos. El Gobierno lo amplió en julio de 2012 al extenderlo a los pensionistas (con topes de gasto entre 8, 14 y 62 euros mensuales), cuando hasta entonces solo debían abonar parte del coste del tratamiento las personas activas. La intención era extenderlo también a otras parcelas como el transporte no urgente en ambulancia, las prótesis y los productos dietoterápicos; pero en enero de este año el Ministerio de Sanidad renunció a sus planes. Poco antes, el Consejo de Estado cuestionó el ahorro que se conseguiría si se cobrara por el transporte sanitario no urgente.



TEXTO JAIME PRATS / EMILIO DE BENITO


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LA ZONA PÚBLICA : Cuando leer un Comunicado cuesta 301 euros

Después de que las organizaciones Tareas Solidarias y Accionenred denunciaran el 17 de marzo de 2014, que la Subdelegación del Gobierno les había amenazado con multar con 301 euros a uno de sus miembros por la convocatoria de una manifestación que fue desautorizada y llevó a la concentración de 23 personas ante Hacienda y la propia Subdelegación, las ONG indicaron que, con el apoyo de la Plataforma Pobreza Cero de Huelva, presentarían un escrito de alegaciones ante esta administración. 


En las alegaciones, las organizaciones negaban la existencia de ninguna acción o actuación que pueda ser sancionable, y manifestaban el comportamiento "intachable" de los participantes en la concentración. También aducían que el derecho de reunión, que está constitucionalmente reconocido, debe "primar por encima de formalismos tales como la comunicación extemporánea de la celebración de una manifestación". Asimismo, apuntaban que el derecho de reunión no debe limitarse salvo en casos excepcionales y por motivos graves de orden público. 

Otras alegaciones argumentaban que los hechos que se pretendían sancionar no afectaron a bienes jurídicos, a terceras personas, ni a instituciones, así como que el propio objeto de la concentración convierta la posible sanción en "un símbolo de la insensibilidad de las administraciones hacia las gravísimas consecuencias de empobrecimiento que provoca en muchos sectores sociales las políticas económicas desarrolladas por el Gobierno de España". 


En el escrito, las ONG recordaban que la manifestación fue denegada por la Subdelegación porque se comunicó con sólo cuatro días de antelación en vez de los diez que fija la ley, si bien las organizaciones solicitantes decidieron "no hacer la manifestación pero si concentrarse pacíficamente y sin alterar el orden", frente a los edificios de Hacienda y de la Subdelegación, para leer un comunicado. 


Según la comunicación remitida por la Subdelegación del Gobierno, los 23 reunidos portaban pancartas reivindicativas y repartieron material informativo, permaneciendo unos 20 minutos en el Paseo de Santa Fe y media hora en la puerta de la Subdelegación del Gobierno, de modo que los hechos podrían constituir una infracción grave de la Ley sobre Protección de la Seguridad Ciudadana, de ahí la sanción propuesta, la mínima posible. Para este tipo de infracciones, la multa puede llegar a 30.050,61 euros.

Más:
Alegaciones de las dos ONGs
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Lo que esconde la Ley


LA ZONA PÚBLICA : Ana y la Calle

La alcaldesa de Madrid, Ana Botella, presenta una ordenanza de “convivencia” que sanciona y persigue con especial crueldad a las personas que se ven obligadas a vivir en la calle, mendigar o limpiar parabrisas para poder sobrevivir.


Ana Botella ha decidido criminalizar la pobreza que estigmatiza las calles de Madrid por medio de una ordenanza de "convivencia" ciudadana que es un ejercicio de sadismo institucional contra miles de personas que no poseen absolutamente nada.


En lugar de buscar soluciones al vertiginoso aumento de la exclusión social y la pobreza, el proyecto de ordenanza presentado por el ayuntamiento de Madrid opta por criminalizar y perseguir a las personas que se han visto arrojadas a la calle por un sistema radicalmente injusto. 



Así, la nueva ordenanza municipal contempla sanciones de 750 € por mendigar a la puerta de centros comerciales, oficinas, colegios u hospitales. 750 € es también la cantidad con que serán multadas las personas que ofrecen pañuelos en los semáforos para asegurarse un plato de comida o se vean obligadas a dormir en un banco. 1.500 € de sanción (el doble del salario mínimo) recibirán las personas que limpian parabrisas en semáforos y cruces viarios a cambio de unas monedas. 

Cocinar en la calle –un caso cada vez más frecuente, ya que hay familias enteras sin techo que usan pequeños infiernillos para calentar sus alimentos- también será sancionado con 750 €.

Es notable el ensañamiento de la corporación presidida por Ana Botella para con las personas excluidas por las políticas económicas y sociales que encarna esta señora y su partido. 



En una carambola siniestra el ayuntamiento primero expulsa a las personas de sus viviendas, como es el caso de los desalojos de la Empresa Municipal de la Vivienda, y después multa a las familias que se quedan en la calle tras truncar sus vidas. 

La norma no sólo sanciona la pobreza. Otras realidades del paisaje madrileño se verán afectadas; Madrid se suma a la persecución generalizada que practican los gobiernos municipales del PP contra los skaters prohibiendo el uso de monopatines en la vía pública, hasta el punto de haber sido expulsados de las calles de prácticamente todas las localidades regidas por el PP; la estética de estos jóvenes y sus gustos raperos no son bien vistos por la derecha.




Ana Botella

El consistorio madrileño también multará a quienes den de comer a cualquier animal en la vía pública, criminalizando así una de las estampas más típicas y entrañables de la ciudad: ancianos y niños alimentando con migas de pan a palomas y gorriones en los parques de Madrid.

Todo esto en un país en el que, según datos del Instituto Nacional de Estadística, 1 de cada 5 personas se encuentra en situación de pobreza, 2.2 millones de niños pasan hambre y el 29.9 % de los hogares tiene impagos hipotecarios y corre el riesgo de sufrir un desahucio.













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