El auge de la inteligencia artificial y la "nube" han disparado la construcción de centros de datos, generando una fuerte polémica por su enorme impacto ambiental, su exigencia de recursos principalmente agua) y las dudas sobre su verdadera aportación económica local.
Los centros de datos han pasado de ser infraestructura digital invisible a convertirse en el centro de debates geopolíticos y el origen de diversas teorías relacionadas con el auge de la inteligencia artificial (IA), el control tecnológico y la vigilancia extrema.
El debate sobre la privacidad frente a la seguridad nacional sigue activo. Organizaciones de derechos digitales como la Electronic Frontier Foundation o la ACLU (American Civil Liberties Union), monitorean y desafían constantemente los programas de vigilancia masiva, argumentando que vulneran derechos fundamentales.
Los Centros de Datos repartidos por Estados Unidos, Europa y Asia almacenan cantidades inimaginables de información cada segundo. Mensajes, llamadas búsquedas, compras, rostros, hábitos y patrones de comportamiento quedan registrados dentro de gigantescas infraestructuras digitales capaces de analizar millones de vidas simultáneamente.
Bajo la superficie emerge una realidad inquietante: la privacidad dejó de ser un derecho y comenzó a convertirse en una ilusión.
Las filtraciones de Edward Snowden mostraron que agencias como la NSA (Agencia de "Seguridad" Nacional), ya tenían acceso masivo a comunicaciones globales mucho antes de que el público lo sospechara.
Después aparecieron sistemas de reconocimiento facial, inteligencia artificial predictiva y algoritmos capaces de anticipar comportamientos humanos utilizando datos recopilados constantemente desde teléfonos, cámaras y plataformas digitales.
Google, Meta, Amazon, Microsoft y otras corporaciones tecnológicas acumularon más información sobre las personas que muchos gobiernos en toda la historia.
Lo perturbador es que el verdadero poder no está solamente en observar... sino en predecir y moldear decisiones humanas; (publicidad personalizada, manipulación emocional y censura algorítmica comenzaron a formar parte de una nueva arquitectura de control invisible).
Ni George Orwell imaginó en 1984 un mundo donde "el Gran Hermano" vigilaría permanentemente a la población de esta manera...
La industria tecnológica, por su parte, suele enfatizar que coopera con las autoridades únicamente bajo mandatos judiciales y mantiene estrictos protocolos de cifrado y seguridad en sus instalaciones.
¿ Les creemos ???
Estados Unidos (como Europa, China y los gigantes de Oriente Medio) están en plena carrera inmobiliaria: la de los centros de datos. Nadie quiere quedarse atrás en la carrera de la IA y para eso, necesitan gigantescos recintos en los que entrenarla.
El gran problema es que esas instalaciones consumen una exagerada cantidad de energía, y ahí China parece llevar la voz cantante frente a un Estados Unidos que no tiene la mejor cara. De hecho, se estima que la mitad de sus centros de datos previstos para 2027 se retrasarán o cancelarán... Y es algo que no se pueden permitir.
No es un problema de dinero; Meta, Amazon, Microsoft y Google se van a fundir para este proposito; destinaran más de 650.000 millones de dólares este año para construir infraestructura de inteligencia artificial. Para ponerlo en contexto, es más de lo que costó el programa Apolo que "llevó" 😉 🤣 a la Luna por primera vez o a la gran expansión ferroviaria del siglo XIX.
Es el capital privado el que está realizando la inversión, (según ellos, pero sabemos que es dinero tomado de los impuestos cobrados al pueblo); y aunque "según", el Estado no paga la factura principal; SI, facilita operaciones e influye en el ritmo y despliegue de los masivos centros de datos mediante decisiones regulatorias, concesión de permisos y planificación energética. Y esto último es vital.
Esta tecnología necesita mucha energía y, además, constante, lo que está provocando que haya colapsos en la red.
La estimación es que el consumo de energía de estos centros de datos aumentará un 175% de aquí a 2030. Y no sólo el consumo: las emisiones contaminantes; por mencionar un ejemplo, Google ha subido un 48% su "foot print/huella de contaminación', en el último lustro y Microsoft otro 31%. Y "según" eran dos de las compañías más comprometidas con el ‘net zero’ para 2050.
RESUMIENDO:
1.- Consumo masivo de energía
● El problema:
La infraestructura requiere cantidades inmensas de electricidad ininterrumpida. Por ejemplo, proyectos masivos como "Stratos" en Utah demandan más del doble de la energía que consume todo el estado en la actualidad.
● Controversia:
Para satisfacer esta demanda, a menudo se recurre a combustibles fósiles, lo que frustra los objetivos climáticos y amenaza con subir las tarifas eléctricas para los ciudadanos locales.
2.- Acaparamiento de agua
● El problema:
Los servidores generan un calor extremo y necesitan millones de litros de agua diarios para su refrigeración y regulación térmica.
● Controversia:
Su uso intensivo drena los suministros municipales locales, lo que genera protestas ciudadanas por la escasez hídrica y el daño a los ecosistemas cercanos, como ocurre en regiones de Europa, América Latina y Estados Unidos.
3.- Falsas promesas de empleo
● El problema:
Para atraer estas instalaciones, los gobiernos suelen otorgar millones de dólares en exenciones de impuestos y subsidios.
● Controversia:
A pesar de ocupar decenas de miles de metros cuadrados, un centro de datos suele generar entre 10 y 100 empleos directos, una cantidad minúscula si se compara con el gran espacio físico que ocupan o con una típica tienda minorista.
4.- Contaminación acústica
● El problema:
Los sistemas de refrigeración industrial y los ventiladores masivos operan de forma continua.
● Controversia:
Residentes y grupos ecologistas denuncian un fuerte impacto negativo en la fauna local y contaminación acústica constante para las comunidades vecinas.
EN CONCLUSIÓN:
La crisis de los centros de datos radica en una paradoja insostenible: el auge de la inteligencia artificial exige una infraestructura física colosal, pero se topa con límites críticos en las redes eléctricas, escasez de agua y tensiones geopolíticas.
El crecimiento de la era digital no podrá sostenerse simplemente invirtiendo en software y algoritmos. El éxito del sector dependerá de una planificación territorial estratégica y de una transición hacia fuentes de energía limpia, refrigeración líquida de circuito cerrado y centros de datos modulares.
Es indispensable lograr un equilibrio que garantice tanto el progreso tecnológico como la preservación de los recursos naturales y la estabilidad de las comunidades.
La infraestructura tecnológica actual permite la recolección de cantidades masivas de datos. Los centros de datos operados por corporaciones tecnológicas y agencias de inteligencia almacenan y procesan comunicaciones globales.
Históricamente, programas de vigilancia gubernamental (como PRISM) han accedido a servidores corporativos para extraer datos.
Todos nosotros somos hijos de este Universo. Millones de años antes de que naciéramos, antes de que surgiera el firmamento con toda su riqueza y antes de que se formaran las sustancias químicas necesarias para cualquier forma de vida, las supernovas renunciaron a su existencia y crearon todas las sustancias químicas pesadas y oligoelementos que nuestros cuerpos necesitan para funcionar correctamente.
Hace más de cuatro mil millones de años que se formó nuestra Tierra, ni demasiado cerca ni demasiado lejos de nuestro Sol, de modo que la temperatura era la justa para favorecer el surgimiento de la vida. La Luna se formó en la órbita de la Tierra, dominando la noche, las ondas del agua y los ciclos vitales que nos rodean. El agua cubrió nuestro joven planeta y formó un “caldo” químico en el que había largas moléculas con las proteínas necesarias para la creación de la vida. Estas moléculas se componían de aquellos elementos nacidos en las estrellas.
El agua se retiró hasta ocupar el lugar de los océanos, y la tierra seca permitió el surgimiento de una gran variedad de vida: hierbas, árboles, flores, insectos, mariposas, pájaros, anfibios y animales de muchos tipos, entre ellos nosotros, los seres humanos. ¡Qué agradecidos debemos sentirnos por este espléndido regalo de la vida, y por todo lo que hemos empleado durante los últimos cientos de miles de años para preservarlo! Pero este regalo se encuentra ahora expuesto a peligros a los que no nos habíamos enfrentado nunca durante nuestro proceso de desarrollo.
Mientras que la sociedad civil de la Tierra ha estado intentando librarse de las armas nucleares durante los últimos 60 años, algunas naciones económicamente (muy) desarrolladas se han ido dirigiendo sibilinamente hacia el ámbito de la “geoestrategia militar”.
Las “armas geológicas” han aparecido hace muy poco tiempo como una forma novedosa y altamente tecnológica para combatir los efectos del calentamiento global – esta forma novedosa es la “geoingeniería”. La geoingeniería se define como la influencia medioambiental sobre nuestra atmósfera a nivel mundial, y esto significa la manipulación de nuestro clima, de nuestros mares y,
con estos, de nuestro mismo planeta natal. Los métodos propuestos al
servicio de la geoingeniería ya son un hecho, pese a la ausencia de
debates públicos de tal índole y de notificaciones públicas previas, y
pese a que tampoco exista ningún tipo de control democrático sobre
ella.
Los planes de geoingeniería propuestos se basan en una
comprensión general del funcionamiento de los procesos naturales de la
Tierra, adquirida tanto mediante la investigación espacial como del
sistema de nuestro planeta. Estas investigaciones resultan impactantes
por su número y alcance.
¿Por qué no se ha informado públicamente acerca de estos
experimentos, teniendo en cuenta que estos geo-experimentos se están
llevando a cabo desde el fin de la Segunda Guerra Mundial?
¿Por qué
no se hacen públicos y se discuten abiertamente, ni siquiera en las
denominadas democracias?
En febrero de 2010, en un encuentro de la
American Association for the Advancement of Science (AAAS)
(traducido: “Asociación Americana para el Avance de la Ciencia”), un
geo-ingeniero ofreció la siguiente respuesta:
“…precisamente, hay estudios que demuestran que los seres
humanos adoptan sus decisiones principalmente sobre la base de
su concepto del mundo, sus convicciones religiosas, sus opiniones
sobre el mundo y sus sentimientos. Los hechos desempeñan un
papel mucho menos importante. Este abismo no se puede salvar
exponiendo hechos públicamente, ni intentando que la gente
comprenda por el procedimiento de elevar su formación
científica…”
Muy probablemente, el fundamento jurídico (para esta omisión) está
relacionado con el hecho de que nadie es propietario de la atmósfera
terrestre, y de que (por ello) ninguna ley prescribe estudios sobre los
efectos medioambientales de la manipulación atmosférica. Se podría
añadir que el secretismo militar es un componente esencial de la “cultura
militar”. ¡Estos experimentos globales tienen graves consecuencias para
la vida misma! Evidentemente, se está atacando a los seres humanos y
a todo lo que les (nos) mantiene vivos y, hasta el momento, nadie ha
establecido, expuesto ni reconocido claramente las posibles
consecuencias. Del mismo modo, nadie ha solicitado un permiso oficial
del conjunto de las personas, a quienes exponen así a este riesgo
potencial.
El trasfondo
Los principios legales que regulan experimentos con seres humanos
quedaron claramente definidos tras los procesos de Núremberg,
después de la Segunda Guerra Mundial. El primero de todos los
principios es:
“Las personas implicadas deben tener la capacidad legal para
otorgar su consentimiento; su posición debe ser tal que puedan ser
capaces de ejercer una elección libre sin intervención de cualquier
elemento de fuerza, fraude, engaño, coacción u otra forma de
constreñimiento o coerción; deben tener suficiente conocimiento y
comprensión de los elementos implicados que les capaciten para
hacer una decisión razonable e ilustrada. Este último elemento
requiere que antes de que el sujeto de experimentación acepte
una decisión afirmativa, debe conocer la naturaleza, duración y
fines del experimento, el método y los medios con los que será
realizado; todos los inconvenientes y riesgos que pueden ser
esperados razonablemente y los efectos sobre su salud y persona
que pueden posiblemente originarse de su participación en el
experimento.”
Personalmente me resulta evidente que (pese a que no conozco opinión
legal al respecto) los experimentos con el propio sistema de soporte
vital, es decir, la Tierra en sí, representan un experimento que cumple
esta definición (anterior), ¡por lo que requiere una aceptación sólida y
fundamentada!
Ya en el año 1946, la empresa “General Electric” descubrió que al
arrojar hielo seco en una cámara fría se formaban cristales de hielo
similares a aquellos que se encuentran en las nubes. Estuvieron
arrojando hielo seco a cúmulos desde aviones durante meses, lo que
transformaba las gotas de agua en cristales de hielo, y observaron que
estos caían a la superficie terrestre en forma de copos de nieve. En
1950, los investigadores contratados por el sector industrial
descubrieron que el yoduro de plata causaba el mismo efecto. Así
empezó la era de la modificación climática, y ¡nadie ha tenido en cuenta
el derecho del conjunto de personas o seres humanos a ser informados
sobre ello, y el derecho a otorgar (o no) su conformidad con estos
experimentos! Por supuesto, la lluvia es natural, ¡así que no había
motivo alguno para preocuparse por obtener un permiso! El motivo
expuesto originalmente para la generación de lluvia fue que se pretendía
volver productivos aquellos terrenos secos en estados compuestos
fundamentalmente por llanuras. Se dice que Rusia empleó la “tecnología hacedora de lluvia” para provocar la lluvia radioactiva procedente de
Chernóbil antes de que alcanzara Moscú.
La escalada
Durante la carrera a la Luna, esto es, ya en el año 1958, tanto los
astronautas de los Estados Unidos como los cosmonautas de la Unión
Soviética descubrieron los cinturones de radiación Van Allen, cinturones
magnéticos que protegen a la Tierra de las nocivas partículas cargadas
del viento solar. Entre agosto y septiembre de 1958, en el marco del
proyecto “Argus”, la Marina estadounidense hizo explosionar tres
bombas de fisión nuclear a una altura de 480 kilómetros sobre el
Atlántico Sur, en el cinturón Van Allen inferior. Las autoridades
estadounidenses para la energía atómica lo denominaron “el mayor experimento científico jamás realizado”. Este “experimento”
tuvo efectos globales y generó una nueva forma artificial de luz polar.
Los efectos a largo plazo de esta increíble obra de destrucción que tuvo
lugar antes de que se hubiera comprendido la función protectora del
cinturón Van Allen siguen sometidos a secreto aún hoy.
Este “impresionante” experimento se repitió por segunda vez el 9 de julio
de 1962 sobre el Océano Pacífico, era el proyecto “Starfish”. Se
detonaron tres “equipos” nucleares con una fuerza explosiva de una
kilotonelada, una megatonelada y varias veces una megatonelada, lo
que alteró seriamente el cinturón Van Allen inferior (interno), y modificó
esencialmente su forma y su intensidad de radiación. Científicos
predijeron que el cinturón de radiación no recuperaría sus características
anteriores o su forma original en cien años (¡y esto podría no ser más
que un mero deseo!). Este suceso perturbó en tal
medida al astrónomo residente en Gran Bretaña Sir Martin Ryle
(astrónomo de la reina británica), que se convirtió en un activo opositor a
la energía nuclear.
Desde 1962, el ejército de los Estados Unidos ha estado utilizando rayos
electrónicos para ionizar o desionizar áreas de la atmósfera según el
principio de los rayos. Ese mismo año, Canadá empezó a disparar
satélites a la ionosfera, y a estimular el plasma (es decir, la carga
eléctrica de esta parte de la atmósfera, nota del traductor) que
contenían*.
Antes, durante y después de la prueba nuclear a gran altitud. (Wikimedia Commons)
De 1958 a 1962, EE. UU. Llevó a cabo una serie de pruebas nucleares a gran altitud sobre el Océano Atlántico Sur, el Océano Pacífico y el Sitio de Seguridad Nacional de Nevada. El propósito era comprender los efectos de las explosiones nucleares a gran altitud y contrarrestar los ensayos nucleares soviéticos . Anteriormente, tanto EE. UU. Como la Unión Soviética habían acordado dejar de realizar pruebas nucleares, pero, después de una pausa de tres años, los soviéticos reanudaron sus pruebas. Estados Unidos, en represalia, llevó a cabo una serie de operaciones de pruebas nucleares con el nombre en código Hardtack I, Argus, Hardtack II, Nougat, Sunbeam y Dominic.
*El plasma es el cuarto estado de agregación de la materia. Partiendo
del estado sólido, pasando por el más energético estado líquido y el
posterior estado gaseoso, el estado plasmático es un estado de
agregación aún más energético (que todos los estados anteriores, nota
del traductor). Este plasma contiene moléculas separables en iones positivos y negativos. Por ejemplo, las moléculas del agua en el aire se
pueden transformar en iones hidrógeno (HO+) y en iones hidruro (H-), es
decir, en iones positivos y negativos. Un ejemplo de estado plasmático
son los rayos.
Posteriormente, en el año 1962, la Unión Soviética realizó otros
experimentos similares con nuestro planeta, y generó tres nuevos
cinturones de radiación a una altura de 7.000 a 13.000 kilómetros sobre
la superficie terrestre. Los flujos electrónicos en el cinturón Van Allen
inferior han cambiado significativamente desde este ensayo nuclear a
gran altura, y no han vuelto a sus valores originales.
Zbigniew Brezinski, uno de los asesores de política exterior de los
presidentes John F. Kennedy y Lyndon Johnson durante la Guerra delVietnam, debatió e investigó medios y vías para emplear rayos y
huracanes artificiales como armas (proyecto “Stormfury”).
Según Lowell Ponte, autor del libro “The Cooling”, el ejército también ha
investigado si los (rayos) láser y las sustancia químicas pueden destruir
la capa de ozono sobre Vietnam del Norte, lo que ocasionaría daños a
las cosechas y perjuicios a la salud de los seres humanos.
Los efectos
Esta manipulación atmosférica inquietó tanto a la Asamblea General de
las Naciones Unidas, que el 10 de diciembre de 1976 aprobó la
Convención ENMOD sobre la prohibición de utilizar técnicas de
modificación ambiental con fines militares u otros fines hostiles
(“Convention on the Prohibition of Military or Any Other Hostile Use of
Environmental Modification Techniques”). Por otra parte, se ha
despreocupado (aparentemente, nota del traductor) de prohibir también
“proyectos pacíficos” como la “pura investigación”, los “proyectos de
energía solar” o el “impulso de la industrialización de los recursos”.
Nadie se preocupó de obtener la aprobación de un público informado.
Los gobiernos simplemente han cambiado su posición ante las
relaciones públicas. Por ejemplo, los Estados Unidos han empezado la
investigación meteorológica con el fin de aumentar la producción de
alimentos en las llanuras norteamericanas.
Durante un periodo de más de 50 años se han llevado a cabo
experimentos de influencia atmosférica esparciendo sustancias químicas
en la atmósfera y provocando reacciones que se podían observar o no
desde la Tierra, como por ej. auroras boreales artificiales o
experimentos con ondas basados en el calor o en las fuerzaselectromagnéticas, o ¡incluso experimentos con explosiones nucleares en el seno de la atmósfera! Estos últimos interrumpen o
distorsionan el modelo normal de propagación de ondas en la atmósfera
superior, lo que suele provocar modificaciones climáticas en la
troposfera.
Las sustancias químicas que se esparcieron en la atmósfera terrestre
incluyen azida de bario, clorato de bario, nitrato de bario, perclorato debario y peróxido de bario. Todas esas sustancias son inflamables, y la
mayoría de ellas tienen un efecto destructivo en la capa de ozono. Sólo
en 1980 se arrojaron aprox. 2.000 kilogramos de sustancias químicas a
la atmósfera, incluyendo 1.000 kilogramos de bario y 100 kilogramos de
litio. El litio es una sustancia química que muestra una gran capacidad
de reacción, y la radiación solar lo puede ionizar muy fácilmente. Esto
eleva la densidad (electrónica) en la ionosfera inferior y genera
“radicales libres”, los cuales son muy reactivos y (por ello) capaces de
desencadenar otros cambios químicos (en la atmósfera).
Pese a que estos experimentos forman claramente parte de los deseos
del ejército de controlar el clima y de emplearlo como arma, los informes
públicos sobre los efectos ambientales son completamente inexistentes.
En lugar de eso, han responsabilizado de la disminución de la capa de
ozono a ¡los desodorantes, el agua de colonia y los inhaladores contra el
asma!
Lo que efectivamente se ha dado a conocer es que estas pruebas
nucleares con una fuerza explosiva de 300 megatoneladas realizadas
por los Estados Unidos, Gran Bretaña y la Unión Soviética a principios
de los 70 redujeron la capa de ozono un 4% y produjeron graves daños
a la salud de embriones, fetos, niños, adultos y en todo el entorno vital
en general.
Los aviones ultrasónicos del ejército y misiles dañan igualmente la capa
de ozono y ocasionan cambios atmosféricos. Este hecho se dio a
conocer una tarde de los años 70 en las noticias y, probablemente, tuvo
cierta influencia en la decisión de las aerolíneas comerciales cuando
rechazaron la aviación supersónica – a excepción del Concorde. Sin
embargo, rápidamente se desvió la atención del gran público del
problema de la aviación ultrasónica y de las pruebas nucleares en la
atmósfera hacia otro lado, cuando se hizo responsable del agujero deozono a las neveras (es decir, al líquido refrigerante de dichas neveras,
nota del traductor), agujero que perjudicaba la salud del ser humano y
los campos de cultivo en diversas áreas de la Tierra, especialmente en
el extremo austral de Sudamérica. Los campos de aplicación civiles de
los clorofluorocarbonos (CFC) agudizaron el problema, pero es
improbable que supongan la causa original.
En el año 1974, Estados Unidos empezó las investigaciones sobre el
calentamiento de la parte inferior de la ionosfera, primero en la
Universidad Estatal de Pensilvania y luego en las plazas de Platteville,
Colorado, en Arecibo, Puerto Rico y en Armidale, Nueva Gales del Sur,
Australia. Esto llevó al senado de los Estados Unidos a diseñar un
proyecto de ley que preveía someter a todos los experimentos militares
relativos a la influencia climatológica al control de una autoridad civil.
Desgraciadamente, este proyecto de ley no resultó aprobado en el
senado.
En 1981 se transfirió el calentador ionosférico de Platteville a la base delanzamiento de misiles en Poker Flats, Alaska.
Un segundo laboratorio de física del plasma dedicado al estudio de la
ionosfera se encuentra en Two Rivers, Alaska. Se le denomina (a este
proyecto) HIPAS (“High Power Auroral Stimulation” (traducción:
“Estímulo de auroras boreales de alta energía”). En las estribaciones de
las Montañas Rocosas, cerca de Gacona, Alaska, el ejército y la Marina
de los EE.UU han levantado una masiva agrupación de torres de
transmisión con una estructura cuadriculada denominada HAARP (“High
Active Auroral Research Project”, traducción: Programa de Investigación
de Aurora Activa de Alta Frecuencia).
Actualmente hablamos de 180
torres de transmisión formando una estructura de rejilla; en 1994,
todavía se trataba de una red (de rejilla) formada por 48 torres
colocadas en sistema modular. Hay razones para pensar que HAARP
pueda ser ampliada hasta 384 o 720 torres de transmisión. Esta
poderosa y sincronizada maquinaria de transformación (de energía) está
controlada por una serie de denominados Super-DARNS (“Dual Auroral Radar Networks”, traducción: “Red (de) radares dobles en la zona de
aurora polar”), que supervisan los efectos de las manipulaciones de la
ionosfera terrestre mediante HAARP y los efectos en la superficie
terrestre.
Sitio SuperDARN en Holmwood SDA, Saskatoon
Entretanto, parece que ya es posible dirigir el flujo de la corriente en
chorro o jet stream (vientos ultraveloces ubicados en la atmósfera, nota
del traductor), lo que permite influir en zonas limítrofes entre aires
calientes y fríos en determinadas zonas geográficas; o manipular los
grandes ríos de vapor (de agua), los cuales transportan las lluvias de los
trópicos a determinadas zonas térmicas, ocasionando periodos de
sequía o inundaciones. Inestabilidades (meteorológicas) naturales, como
monzones, ciclones (tropicales), tornados, etc. se pueden ver
enormemente reforzados por el procedimiento de “añadir energía”.
La
introducción de petróleo en líneas tectónicas de fractura o la generación de temblores artificiales mediante pulsos electromagnéticos pueden
desencadenar terremotos.
Esto no quiere decir que todos los acontecimientos atmosféricos y, en
definitiva, el cambio climático, sean consecuencia de experimentos
militares. Solamente digo que ¡resulta muy difícil distinguir en cada caso
particular qué es experimento militar y qué un “verdadero fenómeno
meteorológico”! Es un hecho evidente para todos el aumento de
acontecimientos meteorológicos de gravedad. ¿Intenta la Pachamama
advertirnos de algo? ¿O es sólo la sociedad civil la responsable del
cambio climático? ¡No lo creo!
El futuro
¡Los Estados Unidos no son los únicos involucrados en este ataque de
sofisticada tecnología contra el funcionamiento de los procesos
naturales de la Tierra! Al menos Rusia, Gran Bretaña, Australia, Canadá
y Japón son (igualmente) partícipes. Los “Geowarriors” (traducción:
“guerreros de la geoingeniería”) están, como creo, intentando salir a la
luz mediante experimentos aún más arriesgados y, con el
consentimiento del público, ¡podrían llegar a ser ensalzados como
“héroes del cambio climático”! En la Conferencia sobre Cambio
Climático en Copenhague 2009, estos “guerreros de la geoingeniería”
hicieron su jugada más efectiva cara al público bajo el pretexto de la
“geoingeniería”, al recomendarla como “la solución frente al cambio
climático”. ¡Aquellos que observan las preparaciones del ejército para
las “guerras climáticas” se encuentran en un estado de alarma!
Muy recientemente, el 19 de septiembre de 2009, la Marina de los EE.
UU realizó un estudio sobre nubes artificiales cuyo nombre fue “CARE”
(“Charged Aerosol Releases Experiment”, traducción: “Experimento de
liberación de aerosol cargado”). El laboratorio de investigación de la
Marina de los EE.UU y el programa de pruebas espaciales del Ministerio
de Defensa estadounidense utilizaron un cohete suborbital de cuatro
etapas, el “Black Brant XII”, lanzado desde la isla “Wallops Island” en
Virginia, con el fin de liberar óxido de aluminio y paja de aluminio (a la
atmósfera), lo que generó una nube artificial en la atmósfera exterior de
la Tierra, a una altura de 280 kilómetros sobre la superficie terrestre (las
nubes normales se encuentran a una altura máxima de aprox. 80,5
kilómetros sobre el suelo de la Tierra, en la mesosfera). El diseño de
esta nube le permite brillar en la oscuridad. Naturalmente, el aluminio
terminará cayendo a los océanos o campos de cultivo, contaminando
luego los frutos o la cadena alimenticia.
Las pruebas podrían dañar (aún
más) diversas zonas fronterizas de la atmósfera que protegen la vida sobre la Tierra, y nadie sabe qué efectos podrán tener en el clima, la
agricultura y la salud de los seres humanos, o si podrán influir en la
radiación infrarroja o ultravioleta que llega hasta nuestro planeta. Los
biotopos (protegidos) de la Marina de los Estados Unidos, incluido el
“National Marine Sanctuary” (traducción: “Santuario Marino Nacional”),
se encuentran expuestos a un gran peligro por este experimento. Es
obvio que la sombra generada por esta nube artificial en otoño del año
2009 contribuyó a un clima inusualmente invernal y nevoso. ¡Acerca de
todo lo que provocó (y provocará) no se recibe ninguna información!
Experimentos marinos similares son: el “Unified Aerosol Experiment”(UAE 2) (traducción: “Experimento Unificado de Aerosoles”) de los
Emiratos Árabes Unidos en 2004 y siete estudios realizados en el
sureste asiático, en 2007 en Singapur. La Tierra se ha convertido ya en
una “víctima de la investigación” militar, y ¡va siendo hora de
estigmatizar a la geoingeniería como un intento con consecuencias
previsibles terribles y como un atentado contra la vida misma! ¡La
sociedad civil debería negarse abiertamente a consentir que los
“guerreros de la geoingeniería” continúen ocasionando daños a todo el
planeta!
¿Acaso debemos dejar la sanación de nuestra Tierra en manos de
aquellos que durante los últimos 65 años han demostrado la mayor de
las indiferencias ante su bienestar? ¿Debemos deshacernos de este
maravilloso planeta tal y como hacemos con el plástico barato? Ya es
hora de respetar al planeta Tierra, y de protegerlo, como han hecho los
pueblos indígenas durante miles de años. Debemos reconocer el error
de nuestra filosofía de vida, ya que es la que nos ha llevado hasta esta
crisis (medioambiental). Ya es hora de cuestionarnos el patriarcado, un
sistema que ansía el poder sobre todo ser vivo; igualmente debemos
cuestionarnos el brutal capitalismo, que requiere de una desmesurada
violencia militar para asegurar su ansiosa acumulación de riquezas
naturales. Necesitamos urgentemente un plan crítico para luchar por un
futuro más inteligente, más femenino y más humano.
¡Debemos pensar con especial atención sobre la “necesidad” de la guerra! Evidentemente, la capacidad de manipular el funcionamiento
natural de la Tierra no evidencia en modo alguno la justicia de nuestra
concepción económica del mundo, nuestras formas de gobierno o
nuestras intenciones. ¡El poder nunca significa derecho (ni justicia)! Ya
es hora de dejar a un lado todos los pensamientos y medidas
preparatorias para la guerra, y esto se refiere especialmente a las
“guerras climáticas” que podrían desestabilizar el sistema de soporte vital del conjunto de la comunidad terrestre. ¡Los sueños de libertad no
deben seguir considerándose utópicos! (Puesto que) estos sueños son
la base para la supervivencia de nuestro planeta y de la vida misma.
¡Hay una necesidad perentoria de lanzar una mirada sincera a la
totalidad de nuestro modo de vida y a los planes sociales, para que los
seres humanos, toda la vida y la Tierra puedan experimentar una fase
larga y fecunda de paz y bienestar! Nuestro Sol aún tiene 4 o 5 miles de
millones de años ante sí para gratificarnos con su energía – ¡no
desperdiciemos este tiempo!
Rosalie Bertell te cuenta algo que nunca querrías saber, a cerca de aquello que respiras y por lo que tu gobierno no recibe cuantiosas cantidades de millones, porque no existe en el ambiente, ni provoca daños, ni grandes cantidades de fallecidos, ni test, ni inyecciones, ni debes estar confinado, ni te serviría tampoco usar mascarilla. Y, mucho menos, preocupado.
A partir de la Pandemia de C-19, las Agencias de desmentidos, sufragadas por la élite de la industria farmacéutica, telecos y financieras, intentaron ocultar y censurar cualquier información que relacione el óxido de grafeno con las inoculaciones, cuando, en realidad, la fabricación de este compuesto y su cotización se han hallado al alza y se está impulsando una publicidad subliminal para familiarizar a la ciudadania de su uso. lo que muchos desconocían es que además, es utilizado en la "siembra de nubes" por mucho que esos mismos medios censuren de igual modo la manipulación climatica existente y desarrollada durante décadas.
En este artículo "vendido" como " cortina de humo", a fin de ocultar la práctica de la Geoingeniería, se encuentra, curiosamente, la firma de uno de los propulsores de dicha práctica, Ken Caldeira, científico atmosférico estadounidense. Sus áreas de investigación incluyen la acidificación de los océanos, la modificación intencional del clima, las interacciones en el ciclo global del carbono /sistema climático y la energía sostenible. El artículo no dice quienes son los "expertos" que tumban la teoría de las fumigaciones aéreas, ni tampoco que cifra recibieron por firmar los estudios, ni de quien recibieron la "paga". Como sabréis, entre ellos, se encontrarán muchos sobornados y otros ajenos al mundo que se oculta detrás de la ciencia controlada militarmente, dado que esta práctica, no solo se utiliza en la actualidad, sino que ha sido utilizada a lo largo de la historia para convertirse en un arma de guerra climática perfeccionado con el tiempo.
Todas las potencias tienen su "juguete" amparadas por el "top secret" militar-industrial, utilizados para controlar clima, fenómenos terrestres, control satelital, ciudadano, militar, etc, a través de tecnología militar avanzada, entre las que se incluyen aeronaves "invisibles", otras no tan invisibles se encargan de fumigar (Geoingeniería) a diario tu cielo.
EL GOBIERNO DICTA UNA ORDEN DE SUSTANCIAS TÓXICAS EN SÁBADO. Esta es otra prueba más de cómo la desinformación necesita de una manipulación encubierta, sobre todo para que esta no llegue tan fácilmente a abogados y público en general. Y, otra prueba más de cómo los gobiernos actúan y decretan al dictado de las élites corruptas y criminales con nocturnidad y alevosía. La mafia mediática actúa mediante la consigna del silencio. Si queréis conservar este vídeo, ante el riesgo de que sea eliminado, podéis descargarlo aquí o acceder al enlace del canal , además del enlace al BOE aquí.
detonación con explosivo en La Palma
Geoingeniería manipulación del clima y siembra de enfermedades. Un breve repaso sobre la gran "farsa" de la Mafia climática para neófitos en la materia.
Desmiente la farsa del cambio climático producido por el hombre y el C02
RESUMEN
El calentamiento global es una estafa, el cambio climático es de origen natural, el CO2 es muy bueno para el crecimiento de las plantas y la subida del nivel del mar la misma que los últimos 300 años. Hacía mucho que el Polo Sur no tenía tanto hielo..."
Nature y la NASA manipulan a los nuevos creyentes de está clara mentira que es tan solo una farsa con pretensión de ideología..."
Tremenda bofetada del premio Nobel a los mentirosos de cada gobierno que estafa con aquello de la huella de carbono que es nada más y nada menos que otra manera de robar los impuestos de los ciudadanos.