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LA ZONA NATURAL : El milagro de curarnos.

EN ALGÚN MOMENTO DE NUESTRA VIDA, QUIZÁS NO TODOS, PERO SÍ LA MAYORÍA, SUFRIMOS UNA ENFERMEDAD. EL CONCEPTO QUE TENEMOS SOBRE ELLA NO ES UN PENSAMIENTO MÁS.



Es una creencia, la de estar poseídos por una fuerza que no nos pertenece y que nos ataca. Si bien esta creencia es universal, no todos la vivimos de la misma forma. En occidente, ha sido reforzada por la presencia de un sistema médico que ha obtenido un gran poder que lo ha legalizado colectivamente.

Podemos decir que la enfermedad es un invento. Como la luz eléctrica. La luz siempre existió pero lo que hizo el hombre fue poder manejarla y eso le dio poder. El malestar orgánico o emocional siempre existió pero lo que hizo la medicina fue clasificarlo y eso le dio poder. La creencia sobre la enfermedad no solo es la de una fuerza que nos ataca sino que a partir de esa clasificación, es la de una fuerza que un grupo de personas (los científicos-médicos) puede dominar. O por lo menos ostenta un saber sobre ella y puede ejercer influencia sobre su evolución.

Esta influencia ha crecido desproporcionadamente en relación al saber. Actualmente las llamadas enfermedades son desmesuradamente influenciadas por la acción médica sin que haya un saber que sustente lógicamente esa influencia. Se actúa sobre ellas sabiendo muy poco sobre el origen de la enfermedad y mucho menos sobre el sentido de la misma.



Pensemos en un simple resfriado. Se atribuye a un virus pero no se lo combate a él sino al resfriado. Se lo trata de abortar. Se usan antihistamínicos para que las secreciones disminuyan y muchas veces antibióticos porque se habla de alergias bacterianas o complicaciones infecciosas imposibles de comprobar. 

Esta metodología que influencia el curso de la enfermedad se basa en la misma teoría que sostiene que el sol gira alrededor de la tierra; la observación superficial de un fenómeno sin preguntar nada sobre las características del objeto sobre el cual el fenómeno actúa. Si la física dependiera de los médicos, hoy seguiríamos creyendo que a la mañana el sol está en el este porque a la tarde giró alrededor nuestro.

Pensemos en un tumor. Un pedazo de carne que sobra. Los métodos médicos que influencian su destino se basan en la misma teoría de observación superficial y de ausencia de preguntas sobre las características del sujeto enfermo. El pedazo de carne está de más y hay que eliminarlo. Si no se puede con cirugía, se arrasa con drogas o radiaciones. Los físicos no manejan la medicina y los médicos terminan por creer que una resonancia magnética es una observación profunda. Se sigue observando el fenómeno y no la naturaleza ni el sentido del fenómeno.

Es así que ahora hay dos creencias: el malestar es una fuerza que viene de afuera y se puede influenciar sobre esa fuerza con un saber que se llama científico.

Volvamos al resfriado. Pensemos que quizás no es un virus el que lo produce (la fuerza externa) sino que es una de las formas que tiene el organismo de descargarse de una tensión que lleva demasiado tiempo acumulada. No hay fuerza externa. Los virus ya estaban y uno no se contagia de nadie sino que son ellos los que comandan esta forma de descargarse. 

Esto no significa que no haya virus extraños al organismo y éste intente rechazarlos porque no los reconoce. Los virus son cadenas de información y si traen una información extraña e irreconocible, el organismo se niega a aceptarla y se produce el rechazo de la misma. Pero esto no es lo que ocurre en un resfriado común. Allí hay problemas territoriales y las mucosas se inflaman para obstruir las narinas y no respirar el mismo aire que el enemigo. 

Los bronquios expulsan moco para escupir al invasor. Los músculos duelen para retirarse de la lucha. Y allí los virus son excelentes colaboradores para generar este estado inflamatorio que si bien es molesto, logra que el ser vivo se aísle y recupere su bienestar. La medicina en lugar de entender esto, ataca los síntomas para que el sujeto vuelva a la cadena de producción lo más pronto posible. Los médicos se comportan como aliados de un poder que exige productividad sin interesarse por la verdadera recuperación del cuerpo enfermo. El paradigma del agente externo como causa siempre presente de la enfermedad sirve a los mismos fines. Si hay un agente externo debe haber un poder que lo pueda combatir. Y ese poder es la científica medicina.
Quizás si esto hubiera quedado allí, tendríamos esperanzas de salir de esa trampa. Pero lamentablemente, la influencia de la acción médica sin un saber lógico que la sustente, generó tantos nuevos saberes vacíos, que estamos atrapados en una red que se retroalimenta de otras disciplinas y de otros saberes. La religión, la filosofía, la psicología, aportan nuevos saberes a esta interminable creencia de la enfermedad como fuerza externa y a la existencia de un grupo que tiene un saber sobre ella.

Escuchamos conceptos que parecen valiosos: -Debemos aceptar la enfermedad si vamos a luchar contra ella.- -La enfermedad es poderosa pero más poderosa es la salud-. -La salud es el silencio de los órganos-. -La enfermedad es un mal que debemos saber combatir-. ¿Quién podría negar el valor de esas frases?. Sin embargo, no sirven de nada. Son saberes que se basan en una creencia vacía. Y no porque no se pueda defender esa creencia. Sino porque ya no sirve más.


En este contexto, nos han quitado la libertad de elegir. En la historia de la humanidad, siempre hubo bandos, romanos y griegos, árabes y españoles, buenos y malos, perversos y normales, nazis y judíos. El ser humano podía optar, aún cuando esa opción fuera equivocada. Ahora es imposible elegir ya que se trata de nosotros o los virus, enemigos invisibles que destruyen a todos, sin excepción. 



Las organizaciones mundiales encargadas de la salud avisan que futuras pandemias son inevitables y elaboran mapas con colores cada vez más intensos y tenebrosos. La humanidad toda enfrenta al enemigo invisible y no hay opción. Por primera vez, en cientos de años, se está tomando conciencia que no es la tierra la que está en peligro sino esta especie que se ha creído excepcional y que ahora viene a enterarse que su desaparición es posible. La génesis de Adán y Eva ya no calma los temores de una especie que ha inventado el concepto de enfermedad y ahora el concepto en sí mismo la está arrasando. 

La fuerza externa que nos viene a destruir supera ampliamente el saber autorizado del grupo de personas que la combate. El concepto se escapó de las manos y tiene vida propia. La gente ya no se muere de la enfermedad sino del miedo que el concepto inventado le genera. El miedo no da tiempo a que la enfermedad actúe y nos mate ya que crea por sí mismo una realidad mortal. Así lo relata el cuento sufí:

-Un sabio sentado en la cumbre de una montaña, ve pasar una sombra y pregunta: ¿Quién eres?. La sombra le contesta -Soy la peste-. ¿Adonde te diriges? 

-A matar mil personas de ese poblado-. Bueno, ve y mata. 

A los pocos días, el sabio se encuentra con un hombre y le pregunta ¿De donde vienes? 


- Huyo de aquel poblado que ha sido atacado por la peste y ha matado treinta mil personas- Bueno, ve y huye. 


A las pocas horas, vuelve a pasar la sombra y el sabio lo detiene. 


Oye tú, me has engañado, dijiste que matarías mil personas y has matado treinta mil. ¿Porqué?. La peste le responde- No es cierto, yo solo maté mil personas, el resto murió de miedo.--

Como médico he presenciado muchas veces el fenómeno de una persona que en pleno estado de salud y por hallazgos casuales (pruebas de rutina o un médico demasiado inquisidor) ha sido diagnosticada de un tumor en hígado, pulmón o mama. A los pocos días de ese hallazgo, el estado de salud había empeorado dramáticamente. He visto a algunas personas morir en poco tiempo luego del diagnóstico. Eso es miedo, no es cáncer. Ese es el concepto que se le ha escapado de las manos al grupo de científicos que ostenta el supuesto saber de la enfermedad. Y ese concepto se ha desbordado y ha creado una realidad autónoma entre otras cosas, porque se ha colectivizado. 

Se ha vuelto un saber popular. ¿Quien no ha escuchado alguna de las siguientes frases?: -El cáncer de páncreas, cuando te lo diagnostican ya es demasiado tarde-; -la quimioterapia te mata las células malas pero también las buenas-; -yo sé que me voy a morir, lo que no quiero es sufrir-; -nunca conocí a nadie que se salvara-; -la enfermedad avanza-; -hay que hacer algo- y tantas otras. El saber colectivo sobre la enfermedad no se diferencia mucho del saber de los médicos, muchos de los cuales jamás se harían (y lo dicen públicamente) el tratamiento que le indican a los pacientes.



Actualmente se escuchan muchas voces que cuestionan este concepto de la enfermedad pero la mayor parte de las veces  son ignoradas, reprimidas o tergiversadas.


Es en este contexto que debemos dejar de pensar en nuevos instrumentos contra la enfermedad para comenzar a pensar en un nuevo concepto de la enfermedad. Se gastan miles de millones de dólares en investigar y producir drogas cada vez más nocivas para la salud de la humanidad y no cesan de aparecer variantes de la misma enfermedad que no responden a esas drogas o las llamadas nuevas enfermedades sobre las que ni siquiera se tiene alguna droga con la que experimentar.

La ciencia se nota perdida y actúa sin lógica. Solo intenta sacarse de encima un problema inmediato sin pensar en las implicaciones futuras de su proceder. No interactúa con el resto de la sociedad que mira azorada la injusticia del poder del que participa. 

El gobierno que invierte doscientos mil millones de dólares anuales en productos farmacéuticos es el mismo que gasta tres millones de dólares por minuto en armas, mientras deja morir quince niños de hambre en esa misma cantidad de tiempo. La ciencia médica usa el mismo presupuesto manchado de sangre e injusticia. Y en esa confusión trata a los virus con la misma filosofía del gobierno que la sustenta: usa armas mortales.

Es justamente ese nuevo concepto de la enfermedad, el que nos va a permitir salir del atolladero en el que el viejo concepto nos ha metido. Si luchamos contra la enfermedad, luchamos contra el mensaje que pretende curarnos. Cuando una mujer se nota un bulto en la mama, debe parar toda actividad y preguntarse qué le viene a decir ese bulto. 

Y si no lo sabe, debe recurrir a alguien que la ayude a interpretar ese mensaje. No debe salir corriendo en busca de ese personaje que detenta un saber sobre la enfermedad porque eso la cristaliza en el viejo concepto. Y a partir de allí, solo puede esperar que se instale una guerra en su cuerpo. Y el bulto no vino a declarar la guerra sino a evitarla. Y no es que no debe hacer nada o curarse psicológicamente. Debe instalar la paz en su vida porque el bulto así se lo está exigiendo. Y eso no es poco pero es mucho más de lo que la medicina pretende con su viejo concepto de instalar una guerra entre el cuerpo de esa mujer y-.el cuerpo de esa mujer.



Los poseedores del saber sobre la enfermedad se escandalizarán ante semejante propuesta. -¡No hay tiempo que perder!; ¡Si no actuamos ahora, su vida corre peligro!- Y comenzarán a citar estadísticas no solo fraudulentas sino aterradoras. 

Algunos optarán por hablar de los adelantos de la ciencia y nos citarán con absoluta seriedad, los anticuerpos monoclonales, los hibridomas y la fusión entre los linfocitos B y los tumores. Suenan orgullosos de saber tanto. Y es un saber vacío porque es eficaz contra el único mensaje que pretende curarnos. Pero además es un saber corrupto, montado en la sangre de millones de seres humanos, que en lugar de salvar sus vidas, la pierden definitivamente.

No es una lucha entre los que saben y los que no sabemos. Es una lucha entre dos conceptos; el de una humanidad que se destruye a sí misma y el de una humanidad que pretende sobrevivir.

La mujer del bulto en la mama deberá elegir y optar por quimioterapia, radioterapia y cirugía y así seguir avivando el viejo concepto que nos está destruyendo o podrá hacer un verdadero cambio en su vida y dejar de sufrir por su hija que la ignora o por su esposo al que no ama. En ese cambio, habrá entendido el mensaje de ese bulto que viene a decirle: -¡No pongas más el pecho!; ¡Deja de ser madre y acepta ser mujer!; ¡Libérate de ese hombre al que no amas!-

-¿Pero quien me da las garantías  de que el bulto no crecerá o que sus células se irán a mi cerebro o a mis huesos?-, dirá la mujer envuelta en las informaciones científicas pero a la vez en la realidad de conocer a tanta gente que sigue ese camino. -Nadie-se le responde-absolutamente nadie-. Desde el viejo concepto (la enfermedad como fuerza que nos destruye), se le citarán estadísticas sobre lo que le podría pasar si no hace lo que el grupo que sabe le dice que haga. Desde el nuevo concepto (la enfermedad como mensaje para sobrevivir), se le pedirá confianza en que si hace los cambios que debe hacer, se curará. No parece ser muy interesante la opción.



Es así que la mayor parte de la gente opta por intentar hacer las dos cosas o parte de ellas o casi ninguna de ellas. O lo que sucede con frecuencia, opta por el viejo concepto y cuando ya no obtiene respuesta de él, se vuelca al nuevo concepto. ¡Cuánto miedo!

Filosóficamente, cualquiera de estas opciones viola uno de los principios en los que se funda la realidad, el de la no contradicción: -Una cosa no puede ser y no ser a la vez-. Llamativamente, buena parte de los médicos del viejo concepto están apoyando estas opciones como si con ello colaboraran con la salud del paciente.

Sin embargo, esa es la realidad. El psicoterapeuta Mario Litmanovich dice claramente -¡Necesitamos médicos sin miedo!; esa es la única manera de salir del atolladero-. Creo también que necesitamos pacientes sin miedo.

Es desde este lugar que proponemos el milagro de la curación. Milagro viene del latín y su origen es asombrarse. Curación proviene de cuidado. De eso se trata. El asombro de cuidarnos. De protegernos, de no quedarnos solos y sentir miedo. Allí aparece el asombro. Todos estamos entrelazados y somos la humanidad. No somos el paciente enfermo. Somos la humanidad enferma. Y entonces aparece el cuidado. La necesidad de tratarnos comos almas, no como cáscaras.
El médico alemán Hamer repetía en sus seminarios una presentación que siempre culminaba con un frase: -Necesitamos médicos de manos calientes que hagan de la medicina un acto sagrado-. Allí estaba el centro de su propuesta. Sagrado siempre es citado como originado en sacrificar pero el sacre es un ave de rapiña. Y así se llamaba al halcón en épocas antiguas. Un ave sagrada cuyas uñas retorcidas le permiten sobrevivir hasta que madura y se vuelven inútiles. Allí debe tomar la decisión de arrancárselas con el pico si pretende sobrevivir. Si lo hace, vive una nueva vida, una nueva oportunidad de ser joven y sagrado.

El milagro de curarnos es eso. Volver a nacer fuera de nuestros roles y percibirnos como almas que se relacionan con almas. Dejar de ser hijos, esposos, madres, padres, médicos, abogados, exitosos, fracasados o perversos. Y renacer como almas con cuerpos que son usados, no descuidados.

Para ello, estamos acá. No para descubrir vacunas sino para tomar conciencia.

De lo que somos y hacia donde vamos.



    









Este compuesto que se encuentra en la piel de la uva roja muestra "toxicidad selectiva" a las células cancerosas... Destruya a ellos dejando las células sanas ileso. La naturaleza no es increíble? The Truth About Cancer. 




 

 







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LA ZONA ROJA : El tránsito del dolor.

Creyó y deseó pasar a hurtadillas –“de pequeña era muy poca cosa”–, pero su presencia y su carisma actuales, fruto de la forja y de años, hacen de ella una figura destacable. De complexión menuda pero de ojos grandes, vivaces y fuertes como un láser, se acompaña de un discurso de voz ténue y relajada pero firme en contenidos: es la cosecha de sus hondas convicciones y estudios inacabables. 


Eso es lo que ella logra trasmitir a quienes han tenido y tienen la ocasión de conocerla, acuden a sus charlas o leen alguno de sus libros, casi todos basados en el amor y trascendencia del ser humano, como “Viajeros en tránsito”. “La muerte –afirma– como tal no existe: sólo es un viaje”.

María Isabel Heraso Aragón, este es su nombre al completo, pero dicho simple y llanamente Dra. Heraso es como se le conoce, tanto en Internet, redes sociales y libros publicados, que ella misma edita “para que el precio sea accesible para todos”, afirma sin ambages. Fue primero enfermera y se hizo médico más tarde, “ya casada y madre” (lo es de dos hijas), conducida por su instinto y su afán por el tiempo –“vida”– y el saber. “Nunca sabemos suficiente”, remacha lo que ha sido y sigue siendo su motor: su carta de presentación, declaración de principios en toda regla.

Si se le insiste, en qué es lo que le movió a hacer Medicina y, posteriormente, cuándo y por qué optó por especializarse en ese concepto tan concreto y abstracto, objetivo y subjetivo como es –todo a la vez– el dolor, responde sin pestañear: –“Siendo enfermera, hacía muchas labores de médico, por lo que opté a estudiar Medicina. La forma especial de ejercer la Medicina aparece a partir de una experiencia personal muy especial.

Todo lo que nos pasa no siempre lo entendemos, pero hay que traducirlo. Intentarlo siempre. Respecto del dolor y su concepto lo resumo así: el dolor es siempre una llamada de atención.”

No es difícil concluir desde el preámbulo de la charla, que se tiene frente a sí a una persona decidida, inquieta y a la vez serena; de complexión menuda y voz tenue pero rotunda y segura de sus certidumbres, e incluso, a la hora de dudar, mientras clava sus enormes y expresivos ojos con la fuerza casi de un láser, dejando al interlocutor de turno con la idea de saberse en el camino. Su personalidad da la impresión de ser como una suerte de línea férrea con tres nudos centrales: segura, sintética, locuaz. “El dolor es siempre una llamada de atención”

Se le sugiere que describa o diferencie, si es que ello es posible, el dolor físico y el psíquico o emocional o, si por contra, están como se dice –especialmente en Oriente– tan ligados como acuerdan los expertos casi a nivel planetario más modernamente… –“El dolor físico se refiere a la ‘noxa’, o lesión tisular; el psíquico a la ansiedad, la angustia, el miedo…etc. 

El dolor emocional está más ligado o asociado al sufrimiento personal, que provoca la percepción subjetiva y deprimente de una realidad y, sí, se suele manifestar a través de la queja, en suma de una “noxa”, algo que en otras circunstancias jamás nos quejaríamos.”

Experta como así parece, por curriculum, en cuestiones relacionadas con el dolor de forma muy especial, le sugiero hable ahora de sus orígenes y soluciones. Su opinión sobre la migraña, dolencia o enfermedad crónica y discapacitante, todavía por resolver, de una forma convincente… Real. –

 “Todo dolor tiene su origen en una situación de conflicto que no sabemos vivir, en suma en un conflicto personal. Curiosamente ha sido el dolor y es el protagonista en mi biografía profesional y en mi trabajo diario. Fundé y soy presidenta de la Fundación Internacional del Dolor y gran parte de mi formación tiene el estudio del dolor como objetivo.

Respecto del dolor tratan de forma especial varios de mis libros (“Saber vivir frente al dolor”, “El dolor de cabeza”…) y som muchos los estudios que he realizado dentro y fuera de España sobre el tema que considero prioritario resolver.”

Dolores específicamente humanos por emocionales: la pérdida de un ser querido, el duelo posterior y cómo influyen los factores culturales en su existencia y en sus manifestaciones. De todo ello y las posible y mejores soluciones en el modo de enfrentarlos, responde la Doctora Heraso a renglón seguido sin la menor dilación… –

“Totalmente de acuerdo respecto la influencia cultural en el dolor. La mejor solución tanto para comprender como para buscar soluciones al dolor humano o emocional es siempre, a mi entender, ésta: disminuir la ignorancia.”

De sus numerosos libros, destaca de forma especial el escrito bajo el título “VIAJEROS EN TRÁNSITO”. Para sus numerosos lectores, seguidores y pacientes, un bálsamo y un rotundo acierto. No hay más que usar Internet y teclear su nombre:

Doctora Heraso… –“Lo escribí para ayudar, cada uno encontrará en sus páginas, aquello que necesite.”

Preguntas como éstas: ¿Es la muerte algo a lo que nos enfrentamos lejos de la naturalidad con la que vemos los nacimientos?.¿Por qué en los países orientales se vive de forma opuesta: como una liberación, incluso con alegría (caso de India, ejemplo claro)?... Son cuestiones que nos planteamos todos más de una vez a lo largo y ancho de nuestra vida… –

“La muerte del cuerpo es una liberación del espíritu. El nacimiento, un atrapamiento en la materia, que hemos deseado, para “aprender”. En suma, la muerte como tal no existe: sólo es un viaje.”

Esto es lo que la Dra. Heraso opina de sus homólogos y coetáneos la Dra. Kúbler-Ross o el Dr. Brian Weiss, estadounidenses y expertos psiquiatras, ambos, en las terapias regresivas como medio para paliar y/o resolver problemas emocionales… –“Ambos nos han aportado valiosos conocimientos.” 

De sus consultas qué conclusiones le han resultado más útiles para su experiencia profesional. Describa, si puede, el perfil medio de sus pacientes y las posibles similitudes entre sus pacientes españoles y los de otros países que haya podido conocer u obtenido noticia por congresos internacionales, intercambios o trabajos fuera de nuestro país:

– “He tenido pacientes, belgas, franceses, ingleses, árabes, israelíes, italianos, venezolanos, peruanos, mejicanos… Todos ellos, una vez que se les hace la Historia Clinica y se exploran, son exactamente iguales, con sus idiosincrasias genéticas especificas, desde luego, ¡pero iguales!”

Si pudiera resumir toda su sabiduría –deducimos que es ingente– en una única frase o sentencia, que nos ayudase a todos a estar preparados y saber sobrellevar la carga de nuestra existencia –generalmente agridulce– , ¿qué nos recomendaría?

–“Es una frase rara. La muerte del cuerpo no la sentimos, no nos pilla dentro. La Energía de nuestro espíritu no muere, la Energía sólo se trasforma, y eso es agradable, si se acepta.”

En síntesis: ¿cree que los accidentales entendemos equivocadamente el progreso y si acordaría Ud. En que tendríamos que aprender más y mejor de los orientales sobre estas cuestiones?  “Para estar mejor preparados, para comprender y sobrellevar tranquila y sosegadamente la carga de nuestra existencia, en efecto agridulce, no hay a mi entender fórmula mejor que ésta: ¡vivir siempre en búsqueda! Todos hemos nacido para hacer algo. Todos tenemos una misión. Y hacerlo, precisamente, justifica nuestra existencia: saber quiénes somos, a qué hemos venido, ¡lo fundamental!” 

Diga, por último, si está de acuerdo o qué opina de esta frase: “La muerte puede ser dolorosa. Morir no” (Elizabeth Kúbler-Ross): –“Cada uno está donde debe de estar. Es el conocimiento global el que enseña, a nosotros nos complementan ellos y a ellos les complementamos nosotros.”

Precisamente la muerte, “desde una perspectiva diferente y como un regalo –afirma– para disfrutar la vida” es el tema principal de “Viajeros en tránsito”, el primero de los libros de la Doctora Heraso, de cuyo éxito hablan las siete ediciones publicadas en los últimos diez años. “Luego he escrito otros seis más…”.

LOS BENEFICIOS DE MEDITAR PARA LA BUENA SALUD

“En las consultas, lo primero que recetamos es un relajante muscular o un ansiolítico. Antes de prescribir ningún medicamento, los clínicos deberíamos analizar y conocer qué es lo que ha provocado la enfermedad a nuestros pacientes y a nosotros mismos. Averiguar las causas que nos ha llevado al médico”, comenta Heraso.

La especialista sugiere que nuestro cuerpo es un “chasis o carrocería” que no aguanta tanta presión y, normalmente los daños psicológicos conducen al sufrimiento físico. Posteriormente, surgen las enfermedades. Vivimos en una sociedad competitiva al máximo. “Por ejemplo, a nuestros jóvenes universitarios ya no se les valora sus conocimientos, sino que, además –si quieren triunfar y desarrollar sus carreras– deben ser atractivos, simpáticos, dominar al menos dos idiomas, deben empatizar, vestir de forma “chic”, conseguir una pareja diferencial, pagar una hipoteca o alquiler y lograr tener descendencia. En nuestra sociedad de consumo o cumples con estas normas o no das la talla”, y más:

“Todas estas cargas y autoexigencias nos hacen un daño psicológico que termina destruyendo nuestro cuerpo y provocando enfermedades.” Según la Dra. Heraso, “todas las enfermedades comienzan por sufrir grandes dosis de estrés, lo que provoca elevados niveles de cortisol en nuestra sangre. Los elevados niveles de cortisol de forma mantenida nos originan problemas en nuestro sistema inmunológico y, es entonces, cuando llegan las enfermedades”.

La Dra. Heraso escribió el “Método Fácil para aprender a meditar”, libro para ser capaces de adquirir herramientas de ayuda a auto contemplarse desde lejos y verse desde otra perspectiva. 

“Cuando uno se contempla desde fuera, puede autoevaluarse e identificar las dianas que nos están produciendo la enfermedad”, señala al respecto.

Desde hace años, las técnicas de meditación, también denominadas “mindfulness” en inglés, se practican en Estados Unidos y en aquellos países donde el capitalismo es puro y existen pocas ayudas sociales.

LIBROS PUBLICADOS DE LA DRA. HERASO:


–“Viajeros en tránsito”: una perspectiva diferente de la muerte. Año 2002



–“Saber vivir frente al dolor”: todo lo que se necesita saber. Año 2003






Editados por: Fundación Internacional del Dolor








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LA ZONA CEREBRO : Los secretos de la Metamedicina


«Con amor escucho los mensajes de mi cuerpo.-

Estoy convencida de que nosotros mismos creamos todo lo que llamamos «enfermedad». El cuerpo, como todo en la vida, es un espejo de nuestras ideas y creencias. El cuerpo está siempre hablándonos; sólo falta que nos molestemos en escucharlo. Cada célula de su cuerpo responde a cada una de las cosas que usted piensa y a cada palabra que dice.


Cuando un modo de hablar y de pensar se hace continuo, termina expresándose en comportamientos y posturas corporales, en formas de estar y de «mal estar». La persona que tiene continuamente un gesto ceñudo no se lo creó teniendo ideas alegres ni sentimientos de amor. La cara y el cuerpo de los ancianos muestra con toda claridad la forma en que han pensado durante toda una vida. ¿Qué cara tendrá usted a los ochenta años?

El sufrimiento físico nos da una pista sobre cuál es el dominio de la vida en que nos sentimos culpables. El grado de daño físico nos permite saber hasta qué punto era severo el castigo que necesitábamos, y a cuánto tiempo debíamos estar sentenciados.

- Los oídos representan la capacidad de oír. Cuando hay problemas con los oídos, eso suele significar que a uno le está pasando algo de lo que no se quiere enterar. El dolor de oídos indica que lo que se oye provoca enfado.

- Los ojos representan la capacidad de ver, y cuando tenemos problemas con ellos eso significa, generalmente, que hay algo que no queremos ver, ya sea en nosotros o en la vida, pasada, presente o futura.

¿No estará usted negando algo que sucede en su presente? ¿Qué es lo que no quiere enfrentar? ¿Tiene miedo de contemplar el presente o el futuro? Si pudiera ver con claridad, ¿qué vería que ahora no ve? ¿Puede ver lo que está haciéndose a sí mismo?. Sería interesante considerar estas preguntas.

- Los dolores de cabeza provienen del hecho de desautorizarnos a nosotros mismos. La próxima vez que le duela la cabeza, deténgase a pensar cómo y cuándo ha sido injusto con usted mismo. Perdónese, no piense más en el asunto, y el color de cabeza volverá a disolverse en la nada de donde salió.


- Las migrañas o jaquecas se las crean las personas que quieren ser perfectas y que se imponen a sí mismas una presión excesiva. En ellas está en juego una intensa cólera reprimida. Es interesante señalar que casi siempre una migraña se puede aliviar masturbándose, si uno lo hace tan pronto como el dolor se inicia. La descarga sexual disuelve la tensión y, por lo tanto, el dolor. Tal vez a usted no le apetezca masturbarse en ese momento, pero vale la pena probarlo. No se pierde nada.

- El cuello y la garganta son fascinantes porque es mucho lo que pasa en esa zona. El cuello representa la capacidad de ser flexibles en nuestra manera de pensar, de ver los diversos aspectos de una cuestión y de aceptar que otras personas tengan puntos de vista diferentes. Cuando hay problemas con el cuello, generalmente significan que nos hemos «atrincherado» en nuestro concepto de una situación.

- La garganta representa nuestra capacidad de «defendernos» verbalmente, de pedir lo que queremos, de decir «yo soy», etcétera. Cuando tenemos problemas con ella, eso significa generalmente que no nos sentimos con derecho a hacer esas cosas. Nos sentimos inadecuados para hacernos valer.

El dolor de garganta es siempre enfado. Si además hay un resfriado, existe también confusión mental.
La laringitis significa generalmente que uno está tan enojado que no puede hablar.
La amigdalitis y los problemas tiroideos no son más que creatividad frustrada, incapaz de expresarse.


- El corazón representa el amor, y la sangre el júbilo. El corazón es la bomba que, con amor, hace que el júbilo circule por nuestras venas. Cuando nos privamos del amor y el júbilo, el corazón se encoge y se enfría, y como resultado, la circulación se hace perezosa y vamos camino de la anemia, la angina de pecho y los ataques cardíacos.

Pero el corazón no nos «ataca». Somos nosotros los que nos enredamos hasta tal punto en los dramas que nos creamos que con frecuencia dejamos de prestar atención a las pequeñas alegrías que nos rodean. Nos pasamos años expulsando del corazón todo el júbilo, hasta que, literalmente, el dolor lo destroza. La gente que sufre ataques cardíacos nunca es gente alegre. Si no se toma el tiempo de apreciar los placeres de la vida, lo que hace es prepararse un «ataque al corazón».

- El estómago se lo traga todo, digiere las ideas y experiencias nuevas que tenemos. ¿Qué (o quién) es lo que usted no puede tragar? ¿Y lo que le revuelve el estómago?

Cuando hay problemas de estómago, eso significa generalmente que no sabemos cómo asimilar las nuevas experiencias: tenemos miedo.

- Las úlceras no son más que miedo, un miedo tremendo de «no servir para». Tenemos miedo de no ser lo que quieren nuestros padres o de no contentar a nuestro jefe. No podemos tragarnos tal como somos, y nos desgarramos las entrañas tratando de complacer a los demás. Por más importante que sea nuestro trabajo, interiormente nuestra autoestima es bajísima, y constantemente nos acecha el miedo de que «nos descubran».

En este punto, la respuesta es el amor. La gente que se aprueba y se ama a sí misma jamás tiene úlceras. Sea dulce y bondadoso con el niño que lleva dentro, y ofrézcale todo el apoyo y estímulo que usted necesitaba cuando era pequeño.

- El colon representa nuestra capacidad de soltar y liberar aquello que ya no necesitamos. Para adaptarse al ritmo perfecto del fluir de la vida, el cuerpo necesita un equilibrio entre ingesta, asimilación y eliminación. Y lo único que bloquea la eliminación de lo viejo son nuestros miedos.

Aunque las personas estreñidas no sean realmente mezquinas, generalmente no confían en que siempre vaya a haber lo suficiente. Se aferran a relaciones antiguas que las hacen sufrir, no se animan a deshacerse de prendas que guardan desde hace años en el armario por temor a necesitarlas algún día, permanecen en un trabajo que las limita o no se permiten jamás ningún placer porque tienen que ahorrar para cuando vengan días malos. ¿Acaso revolvemos la basura de anoche para encontrar la comida de hoy? Aprendamos a confiar en que el proceso de la vida nos traerá siempre lo que necesitemos.

En la vida, las piernas son lo que nos lleva hacia adelante. Los problemas en las piernas suelen indicar un miedo a avanzar o una renuncia a seguir andando en cierta dirección. Corremos, nos arrastramos, andamos como pisando huevos, se nos aflojan las rodillas, somos patituertos o patizambos y nos quedamos patitiesos. Y además, tenemos los muslos enormes, coléricamente engrosados por la celulitis, llenos de resentimientos infantiles. Con frecuencia, no querer hacer algo produce algún problema menor en las piernas. Las venas varicosas significan que nos mantenemos en un trabajo o en otro lugar que nos enferma. Las venas pierden su capacidad de transportar alegría.

Pregúntese si está marchando en la dirección en que quiere ir.

- Las rodillas, como el cuello, se relacionan con la flexibilidad, sólo que ellas hablan de inclinarse y de ser orgulloso, del yo y de la obstinación. Con frecuencia, cuando avanzamos, nos da miedo inclinarnos y nos ponemos tiesos. Y eso vuelve rígidas las articulaciones. Queremos avanzar, pero no cambiar nuestra manera de ser. Por eso las rodillas tardan tanto en curarse, porque está en juego nuestro yo. El tobillo también es una articulación, pero si se daña puede curarse con bastante rapidez. Las rodillas tardan porque en ellas están en juego nuestro orgullo y nuestra autojustificación.


La próxima vez que tenga algún problema con las rodillas, pregúntese de qué está justificándose, ante qué está negándose a inclinarse. Renuncie a su obstinación y aflójese. La vida es fluencia y movimiento, y para estar cómodos debemos ser flexibles y fluir con ella. Un sauce se dobla y se mece y ondula con el viento, y está siempre lleno de gracia y en armonía con la vida.

- Los accidentes son expresiones de cólera, que indican una acumulación de frustraciones en alguien que no se siente libre para expresarse o para hacerse valer. Indican también rebelión contra la autoridad. Nos enfurecemos tanto que queremos golpear a alguien y, en cambio, los golpeados somos nosotros.

Cuando nos enojamos con nosotros mismos, cuando nos sentimos culpables, cuando tenemos la necesidad de castigarnos, un accidente es una forma estupenda de conseguirlo.

Puede que nos resulte difícil creerlo, pero los accidentes los provocamos nosotros; no somos víctimas desvalidas de un capricho del destino. Un accidente nos permite recurrir a otros para que se compadezcan y nos ayuden al mismo tiempo que curan y atienden nuestras heridas. Con frecuencia también tenemos que hacer reposo en cama, a veces durante largo tiempo, y soportar el dolor.

- Tanto la anorexia como la bulimia expresan una negación de la propia vida, y son una forma extrema de odio hacia uno mismo.

Cuando se odia a sí mismo, en realidad odia una idea que tiene de sí mismo. Y las ideas se pueden cambiar.

¿Qué hay en usted que sea tan terrible? ¿Se crió en una familia que criticaba continuamente su comportamiento? ¿O eran sus maestros quienes lo criticaban? En sus primeros contactos con la religión, ¿le dijeron que así, tal como usted era, «no servía»? Con demasiada frecuencia procuramos hallar razones «comprensibles» que nos digan por qué no nos quieren ni nos aceptan tal como somos.

Nada funciona desde afuera. La clave es la aprobación y la aceptación de uno mismo.

La artritis es una enfermedad que se origina en una constante actitud de crítica. En primer lugar, la persona se critica a sí misma, pero también critica a los demás. Los artríticos suelen ser muy criticados, porque su propio estilo es criticar; entonces cargan con la maldición del «perfeccionismo», es decir, con la necesidad de ser perfectos siempre y en cualquier situación.

¿Conoce usted a alguien en este planeta que sea «perfecto»? Yo no. ¿Por qué nos imponemos normas que nos exigen que seamos «superpersonas» para sentirnos apenas aceptables? Ésta es una expresión muy fuerte del «no sirvo», y es una carga pesadísima de llevar.

Del asma decimos que es un «amor que sofoca». La persona tiene la sensación de no tener derecho a respirar por su cuenta. Los niños asmáticos suelen tener una «conciencia sobredesarrollada»; asumen las culpas de todo lo que anda mal en su medio, se sienten «indignos», no valiosos y, por consiguiente, culpables y merecederos de castigo.

A veces, el cambio de clima cura a los asmáticos, especialmente si no los acompaña la familia.

Abscesos, quemaduras, cortes, fiebres, llagas e inflamaciones diversas son, todos, indicios de una cólera que se expresa en el cuerpo. Por más que intentemos suprimirlo, el enojo encontrará maneras de expresarse. Hay que dejar salir la presión acumulada. Nuestro enojo nos da miedo porque sentimos que podemos destruir nuestro mundo, pero es algo que se puede liberar simplemente diciendo: «Estoy enfadado por esto». Es verdad que no siempre podemos decirle algo así a nuestro jefe, pero podemos aporrear la cama o vociferar en el coche cerrado o jugar al tenis, que son maneras inofensivas de descargar físicamente la cólera.

Es frecuente que las personas con tendencias espirituales crean que «no deberían» enojarse. Ciertamente todos nos esforzamos por llegar al momento en que ya no culpemos a nadie por nuestros sentimientos; pero mientras no hayamos llegado a ese punto, es más saludable que reconozcamos qué es lo que sentimos en un momento dado.

El cáncer es una enfermedad causada por un profundo resentimiento contenido durante muchísimo tiempo, hasta que literalmente va carcomiendo el cuerpo. En la infancia sucede algo que destruye nuestro sentimiento de confianza. Esta es una experiencia que jamás se olvida, y el individuo vive compadeciéndose de sí mismo y se le hace difícil cultivar y mantener durante mucho tiempo relaciones significativas. Con un sistema de creencias así, la vida se muestra como una serie de decepciones. Un sentimiento de desesperanza, desvalimiento y pérdida se adueña de nuestro pensamiento, y nada nos cuesta culpar a otros de todos nuestros problemas. La gente que tiene cáncer, además, es muy autocrítica. Para mí, la clave de la curación del cáncer está en amarse y aceptarse.

- El exceso de peso representa una necesidad de protección. Tratamos de protegernos de heridas, agravios, críticas, abusos e insultos, de la sexualidad y de las insinuaciones sexuales de un miedo general a la vida, y también de miedos específicos.


Luchar contra la obesidad es perder tiempo y energía. Las dietas no funcionan, porque tan pronto como se las interrumpe, el peso vuelve a aumentar. Amarse y aprobarse, confiar en el proceso de la vida y depositar su segundad interna en el conocimiento del poder de su propia mente son los elementos básicos de la mejor dieta que conozco. Póngase a dieta de pensamientos negativos, y el problema del peso se resolverá solo.

El sentimiento de culpa es una emoción totalmente inútil, que jamás hace que nadie se sienta mejor ni modifica para nada una situación.

Su «sentencia» ya se ha cumplido, de manera que déjese salir de prisión. Perdonar no es más que soltar, dejar partir...

Cualquier hinchazón del cuerpo representa atascos y estancamientos en el estado emocional. Nosotros mismos nos creamos situaciones en que nos «hieren» y nos aferramos luego a su recuerdo. Con frecuencia las hinchazones representan lágrimas contenidas que sentimos como algo enquistado, o provienen de culpar a otros por nuestras propias limitaciones.

Renuncie al pasado; déjelo que se vaya y recupere su propio poder. Deje de estar pendiente de lo que quiere, y use su mente para crear lo que «sí quiere». Déjese llevar por la marea de la vida.

En la infinitud de la vida, donde estoy,
todo es perfecto, completo y entero.
Reconozco que mi cuerpo es un buen amigo.
Cada una de sus células contiene la Inteligencia Divina.
Yo escucho lo que me dice y sé que su consejo es válido.
Estoy siempre a salvo, bajo la guía y la protección Divina,
y elijo vivir en salud y ser libre.
Todo está bien en mi mundo.





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