












Más:
Detenido por traficar con diamantes en la guerra de Sierra Leona
Y si bien esta primera condición no hubiera sido probablemente obstáculo para procrear aunque fuera a la fuerza y por “razones de Estado”, lo cierto es que había nacido con una malformación que hoy en día se corrige sin dificultad a base de cirugía pero que en el siglo XIX constituía un obstáculo prácticamente insalvable.
El esposo de Isabel estaba aquejado de hipospadias, un defecto congénito por el que la uretra, en lugar de abrirse paso al exterior por su lugar natural al extremo del glande, lo hace mucho antes, próximo al escroto.
De este modo, el pene nació prácticamente atrofiado y el enfermo había de orinar en postura de mujer.
Manuel del Palacio, un cáustico poeta que militaba en el bando revolucionario, compuso para él los famosos versos que dicen así:
“Paquito Natillas es de pasta flora y mea en cuclillas como una señora”.
Cinco meses después del casamiento, Francisco de Asís había abandonado la alcoba conyugal y poco después dejó el Palacio de Oriente.
Isabel II tuvo once hijos. Parece que sólo uno de ellos pudo ser de su marido, el resto fueron fruto de sus distintos amantes: el marqués de Bedmar, el comandante José Ruiz de Arana, el teniente de ingenieros Enrique Puig Moltó, el escritor Miguel Tenorio de Castilla (en tres ocasiones) y otro de padre desconocido. Casi nada.
Con este historial, no es de extrañar que a Francisco de Asís le escribieran aquello de:
Como la Gea o su equivalente minoica Rea, Cibeles era la personificación de la fértil tierra, una diosa de las cavernas y las montañas, murallas y fortalezas, de la Naturaleza y los animales (especialmente leones y abejas).
Su equivalente romana era Magna Mater, la Gran Madre.
Su título «Señora de los Animales», que también ostentaba la Gran Madre minoica, revela sus arcaicas raíces paleolíticas.
Cibeles en una moneda de Tiberio
Es una deidad de vida, muerte y resurrección.
Su consorte, cuyo culto fue introducido más tarde, era su hijo Atis.
Fue esposa del titán Crono y progenitora de los dioses olímpicos.
Se la representa con una corona con forma de muralla y siempre acompañada de leones.
Esta diosa es representada en la mitología sobre un carro que simboliza la superioridad de la madre Naturaleza, a la que incluso se subordinan los poderosos leones que tiran del carro.
Detalle de la diosa Cibeles en la Fuente de Neptuno.
La Fuente de Neptuno, del italiano Alessandro Algardi, está situada en la parte más alejada de la entrada al Jardín de Aranjuez. Representa al dios Neptuno sobre un tazón, empuñando su tridente con la mano derecha.
Está sobre un carro con forma de concha, tirado por sendos caballos marinos. Alrededor, sobre cuatro pedestales, encontramos a las diosas Cibeles y a Ceres, cada una con una corona con forma de castillo y sobre sendas carrozas tiradas por leones, sujetados por niños.
En el tercer pedestal se encuentra Juno, sobre un pavo real, mientras que en el cuarto, Júpiter está sobre un águila que se apoya en un globo terráqueo, sujetado por tres titanes.
En el pedestal central puede leerse la leyenda: El Rey N.S. Don Felipe III mandó hacer esta fuente, siendo gobernador D. Francisco Brizuela, año de MDCXXI.
La leyenda los relaciona con una singular pareja mitológica, Hipómenes (Melanión, en otras versiones) y Atalanta, que compitieron en una carrera de velocidad.
La astucia de Hipómenes -inspirado por la diosa del amor, ya que el premio era la mano de Atalanta- hizo caer al suelo unas manzanas de oro que atrajeron la atención de Atalanta y la distrajeron de la carrera, que perdió.
Cabeza de Tyche (Cibeles) con corona mural, mirando hacia la derecha.
Reverso: (CARTeia) CAESA(RIBVS IIIIquarttour VIRi) alrededor de un timón. .
El mito concluye con la unión impía de los amantes dentro de un recinto sagrado de Zeus, quien, irritado, los convirtió en leones.
Más tarde Cibeles, compadecida, los habría uncido a su carro.
Adicionalmente, para iniciar el culto como sacerdote de Cibeles, éstos eran castrados como una contribución a la madre tierra; además hacían un sacrificio matando toros y bebiendo su sangre.
La diosa Cibeles, que según Virgilio en su relato de la Eneida había protegido las naves del príncipe Eneas en su huida desde Troya a Italia, fue adoptada por el propio Augusto como protectora en sus empresas en Hispania.
Augusto sentía por ella una especial veneración, no en vano su casa se levantaba lindando con los muros del templo de la diosa en el Palatino, y en su propio estudio figuran pintadas en sus muros imágenes del Callao Sagrado que representa a la diosa.
Por todo ello, el emperador determinó la presencia de la diosa protectora de Roma en los nuevos enclaves fundados por él en la península.
Las nuevas ciudades, construidas a imagen de la Roma eterna, debían de contar con la protección de Cibeles en sus muros.
MUROS DE LA CASA DE AUGUSTO CON LA IMAGEN DE LA PIEDRA DE CIBELES
El trastorno narcisista de la personalidad es una alteración típica de nuestro modo de vida. Dos influencias claves han propiciado el desarrollo actual del narcisismo.
Por un lado, el contexto norteamericano y por otro, el enfoque filosófico de la postmodernidad.
El trastorno narcisista se caracteriza por varios rasgos: imagen distorsionada de uno mismo, maquiavelismo, dominancia-poder, exhibicionismo y falta de empatía.
Las consecuencias negativas del estilo de vida narcisista, desde un punto de vista psicológico y sociológico, son obvias.
"Todo narcisismo/es un vicio feo/y ya viejo vicio". (Antonio Machado). Hace algunos años Hollywood nos deleitó con una película en la que se planteaba la lucha de una chica sordomuda por hacerse un hueco en un mundo pensando para "normales".
Desde su "inferioridad" lanzaba la pregunta: ¿acaso era hija de un Dios menor?
El análisis de la realidad social nos hace caer en la cuenta de un tipo de individuos, los narcisistas, que en su vivir, pensar y actuar manifiestan ser hijos de un Dios privilegiado sobre el de los demás mortales.
Desde diversos campos se afirma que la sociedad actual puede estar viviendo el momento de apogeo del narcisismo como tema central de la cultura.
Al mismo tiempo, los psicólogos constatan que los pacientes que acuden a ellos en busca de ayuda han cambiado en cuanto a sus padecimientos.
Hoy es poco frecuente encontrar las neurosis de conversión, las histerias clásicas, que se distinguían por la parálisis de los miembros, la pérdida de la voz o la visión, etc.
Tampoco se presentan grandes fobias y obsesiones, etc.
En la actualidad, se responde a nuevos perfiles en los que podemos destacar dos tipos de demandas.
Por un lado, los trastornos depresivos: individuos con tristeza vital, apáticos, sin ganas de vivir.
Por otro lado, sujetos engreídos, egocéntricos, manipuladores, socialmente destructivos, con gran necesidad de obtener admiración y prestigio sobre los demás, pero que a su vez, presentan una fuerte sensación de pérdida de su yo, con relaciones interpersonales superficiales e insatisfactorias, percibiéndose vacíos y sin sentido.
Kohut definió tal tipología como trastorno narcisista de la personalidad.
Los trastornos narcisistas se presentan como un malestar difuso que lo invade todo, un sentimiento de vacío interior y de absurdidad de la vida.
La crispación neurótica se sustituye por la flotación narcisista.
Y al acercarse a la terapia, la actitud de estos pacientes no es la de quien está pidiendo ayuda, sino la del que inicia un espectáculo en el que va a exhibirse.
Durante las sesiones realizarán un gran esfuerzo por invertir los papeles psicólogo-paciente. "¡Qué suerte por tenerlo a él en la consulta!" está en el pensamiento de muchos.
Lo importante es que no sea el terapeuta el que pague los honorarios al cliente...
El contexto social norteamericano